domingo, 22 de mayo de 2011

Midnight in Paris

Ante las últimas películas de Woody Allen uno siente el impulso de culpar a la productora española Mediapro de la crisis de resultados en la que se encuentra inmerso el cineasta, una productora que seguirá apadrinando a Allen, por lo menos, en un título más ambientado en Italia, y que se diría que está pagando al autor de Match Point para que nos ofrezca en cada nuevo título una copia barata de sí mismo, algo que tendría lógica de no ser por la presencia en el currículum reciente del cineasta de un título como Si la cosa funciona que, sin tener nada que ver con la filial de Globomedia, no desentona dentro de la pobreza del conjunto. Más bien, y como hemos dicho muchas veces, es el cineasta el que no parece dispuesto a dar mucho más, aunque trate de recordarnos tiempos mejores mediante referencias como la que abre Midnight in Paris: la capital francesa es fotografiada por uno de los técnicos del momento, Darius Khondji, en un sencillo prólogo sobre un montaje similar al prestado a la fotografía en blanco y negro de Gordon Willis en la inolvidable apertura de Manhattan, a saber, breves planos generales mostrando lo más representativo de la ciudad al ritmo de la orquesta de fondo, que dan paso a la voz en off de los protagonistas arrancando la historia. El director retoma en esta película también el tipo de relato fantástico/melancólico de La rosa púrpura de El Cairo, pero le haría falta bastante más para recuperarse a sí mismo, por ejemplo, la profundidad y la madurez en la definición de caracteres que tuvo en películas como las que protagonizaban Diane Keaton o Mia Farrow. En Midnight in Paris nos ofrece poco más que una exquisita ambientación artística y musical, todo es mucho más superficial, desde el dibujo de sus personajes principales hasta lo que debería ser el punto fuerte de la película, esto es, el tratamiento de la Historia artística parisina, para lo cual la recreación de los mitos del arte moderno termina siendo un manual de clichés seguido con excesiva ligereza por el realizador, salvo en honrosas excepciones, como las de los trasuntos de Ernest Hemingway (Corey Stoll) o Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston). Por cierto, no es la primera vez que el autor de El gran Gatsby es invitado al universo de Woody Allen, ya lo hizo en la irrepetible Zelig, y es ésta otra prueba que certifica cómo Allen no sólo ha perdido la capacidad de hablarnos del individuo en sociedad, sino que tampoco es capaz de evocar épocas pretéritas con la facilidad de antaño, ni de hacer un canto a la grandeza de la sensibilidad artística de nuestros ancestros, baste comparar la tertulia de los artistas del Moulin Rouge añorando a los renacentistas con otros discursos de nostalgia espiritual y creativa mostrados por dos grandes del séptimo arte entre los cuales es difícil que volvamos a encontrar a Woody Allen: Tarkovski ante la pintura medieval en Sacrificio, Erice ante El Juicio Final de Miguel Ángel en El sol del membrillo.

Midnight in Paris - Woody Allen - 2011 [ficha técnica]
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viernes, 6 de mayo de 2011

Los próximos tres días

La entrega del aclamado actor Russell Crowe hacia John Brennan, personaje al que da vida en el último trabajo del también laureado cineasta Paul Haggis, es intachable. Habituado a los personajes de notable fortaleza física y/o emocional, en Los próximos tres días Crowe consigue convencernos con admirable facilidad, y dándole la vuelta a un supuesto encasillamiento, de que estamos ante un tipo corriente de carácter bonachón, a quien delata una manifiesta inseguridad ante situaciones límite y cuya complexión robusta corresponde a un cuerpo orondo y no a un gladiador musculado. Aunque no todo el mérito es del actor, también es Haggis el que compone, detrás de un montaje tal vez excesivamente nervioso, uno de los mejores trabajos de un director, a mi juicio, muy sobrevalorado, ofreciendo unos minutos introductorios donde el supuestamente acogedor entorno familiar del personaje es fotografiado mediante barrocas composiciones (véase a su esposa entrando y saliendo de plano al tiempo que se oculta detrás de puertas y espejos) en la secuencia que concluye con la kafkiana detención de Lara, interpretada por una Elizabeth Banks no menos acertada. El angustioso punto de vista del personaje central sugiriendo puntualmente la duda de si su mujer es o no culpable del asesinato por el que ha sido recluida, junto al planteamiento, como consecuencia de esas dudas, de que puede estar viviendo una realidad imaginada (véanse las alusiones a El Quijote, un libro que trata, en palabras del protagonista, sobre cómo "el pensamiento racional destruye el alma") constituyen de lejos lo mejor de la primera mitad del relato.

Sin embargo, todos estos elementos dejan de ser sobresalientes cuando estrellas como Crowe o Haggis dejan de entregarse a su trabajo y empiezan a pedir algo a cambio. Llegado un punto del relato, Brennan decide afrontar su propio ajuste de cuentas con un grupo de delincuentes de poca monta que le estafaron y le dieron una paliza: el personaje resuelve el encuentro en casa de los matones, a quienes elimina disparando con increíble habilidad, una escena que parece haberse concebido pensando en el currículum de Crowe y olvidando el personaje que interpreta, y que el oscarizado guionista de Crash podría haber resuelto de una manera más consecuente. Pero Haggis decidirá a partir de aquí dar un toque personal a su narración que no sienta nada bien: si era perdonable la decisión del director de incluir la manida idea tan "moderna" del relato dividido en episodios encabezados con carteles en texto blanco sobre negro (aquí ofreciendo variantes de un título, por otro lado, muy arbitrario: "los últimos tres años", "los últimos tres meses"...), más lamentable es esa otra desafortunada costumbre marca de la casa consistente en dejar todos los elementos bien atados, sobre todo en la prescindible sugerencia final que da al espectador la pista que necesitaba para decidir si Lara era o no culpable, eliminando cualquier rastro ambigüedad allí donde el relato era más interesante.

The Next Three Days - Paul Haggis - 2010 [ficha técnica]
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domingo, 1 de mayo de 2011

Piraña 3D

Cada novedad tecnológica introducida en el cine (el sonido, el color, el cinemascope, los efectos especiales) ha experimentado siempre una etapa de petulante presentación en la que es el lenguaje cinematográfico el que se pone al servicio de la técnica y no al revés, volviéndose ésta en contra del interés artístico, básicamente porque se necesita tiempo para descubrir la utilidad del elemento introducido. Lo curioso en el caso de la imagen 3D es que se trata de un sistema cuya propuesta ha fracasado una y otra vez, sin que termine de superar esa primera fase de vacuidad en cada intento. Este fracaso (hablo en términos artísticos, ya que algún provecho económico sí que parece tener) se repite además de manera casi idéntica, si salvamos los pequeños matices introducidos por cada generación de cineastas. Alexandre Aja, por ejemplo, repite el manido y rancio golpe de efecto de un objeto que es lanzado al espectador, aportando como única novedad un intento por resultar lo más soez posible al escoger el objeto a arrojar: véase la chica ebria que deja caer su vómito hacia la pantalla, o el pene erecto, amputado y mordisqueado que es escupido por uno de los horribles peces carnívoros que dan título a la película.

En lo cinematográfico poco más que añadir. En contra de lo que se ha dicho recientemente, el film de Joe Dante en el que se inspira Aja, Piraña, era un ejercicio bastante limitado de por sí, por ello el interés de este remake es inexistente, si se tiene en cuenta que el tratamiento con el que se afronta es de un vacuo posmodernismo que no pretende superar la mediocridad del material de partida. En ese sentido, la muy aplaudida presencia de Richard Dreyfuss en la secuencia de apertura, repitiendo un personaje similar al representado en Tiburón, constata que el film de Dante iba a rebufo dentro del subgénero inaugurado por la obra maestra de Spielberg. Y es lamentable que un director con la reputación que ha logrado Aja a la hora de orientar el cine de terror fantástico hacia lecturas de corte psicológico (Alta tensión) o político (Las colinas tienen ojos) no pueda aportar nada más a un paupérrimo guión firmado por dos (!) guionistas (Pete Goldfinger y Josh Stolberg) que su capacidad, envidiable por otro lado, no sólo de presentar las maneras más espeluznantes de infringir dolor y agonía a sus personajes en sus últimos segundos de vida (los cuerpos descuartizados y desollados, los globos oculares arrancados) sino de preparar a la audiencia para esos terribles momentos mediante una estudiada planificación y puesta en escena, de manera que el espectador no sólo pueda prever esta fatalidad sino que en cierto modo desee su visualización con anhelo (véanse momentos como el de la chica cuyo pelo se engancha a las hélices de una moto acuática, o el cable que se suelta violentamente cortando por la mitad a otras dos ingenuas pubescentes, una de las cuales pierde mientras muere, y para colmo de concesiones, la parte superior del bikini).

Piranha - Alexandre Aja - 2010 [ficha técnica]
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domingo, 10 de abril de 2011

The Fighter

Cuando se adapta un material ajeno para la gran pantalla ocurre a menudo que se exija al cineasta a cargo un mínimo grado de fidelidad hacia la fuente original. Si, además, este material original comprende hechos reales como los presumiblemente narrados en películas como La red social parece como si esa fidelidad no fuera ya una exigencia sino una obligación. Por ello, el hecho de que, a modo de epílogo, junto a la proyección de los créditos finales de The Fighter veamos en vivo a los verdaderos Micky Ward y Dicky Eklund, los hermanos boxeadores en torno a los cuales ha girado la trama de la película, es un ejercicio de honestidad por parte de los artífices de The Fighter (al poner de manifiesto las palpables diferencias físicas entre los personajes reales y los actores que los encarnan), pero también, y según se mire, una cuestión de orgullo por parte de un David O. Russell al que no le importa demasiado que la historia real se parezca a su historia. Lo más loable de la labor del director es su capacidad de remontar mediante un sano ritmo narrativo un encorsetado guión firmado por tres autores (Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson) que jamás ofrece al espectador un mínimo margen de duda a la hora de juzgar la moral de Micky Ward (Mark Wahlberg): en todo momento las decisiones que toma el protagonista son indudablemente las más acertadas, ya que los personajes que le rodean, lamentablemente, carecen de ambigüedad; Micky siempre está apoyado por los personajes descritos como más sensatos (la chica que se enamora de él y le anima a cambiar de rumbo, el empresario que le ofrece una oportunidad para salir del agujero, el padre cuyas traiciones a la familia le cuestan las agresiones de su esposa), personajes que tienen que enfrentarse a su madre y hermanas, representativas de lo más rancio y reaccionario del white-trash americano, y adoradoras de un boxeador acabado y adicto al crack que, según se mire, nunca logró nada importante.

A pesar de esto, la película se sigue bastante bien, sobre todo gracias al discurso paralelo que Russell desarrolla en torno al espectáculo del boxeo, casi siempre insertando elementos que hacen referencia al tratamiento que un medio de masas como la televisión hace de él (sin importar, como decimos, el grado de fidelidad de este tratamiento "real" dentro del carácter de ficción del conjunto), que empieza por la descripción del trabajo de los realizadores del canal de televisión HBO que siguen las andanzas de un alucinado Dicky Eglund en pleno ocaso, uno de los cuales es interpretado por el auténtico Richard Farrell, el que fuera codirector del reportaje High on Crack Street: Lost Lives in Lowell: Eglund y su familia creen estar protagonizando una crónica sobre su regreso al boxeo, por más que Farrell admita que su trabajo habla de la adicción al crack (más tarde, el relato dará paso a la proyección del montaje final por televisión ante la mirada atónita de todos los que adoran al ex-boxeador, secuencia climática tras la cual el rumbo de los acontecimientos da un inadvertido giro). A todo ello se suma el formato deliberadamente catódico que tienen los combates filmados en la película, sobre todo en lo que concierne a la espectacular y kitsch presentación de los púgiles, y a la filmación de las propias contiendas, que recupera la clásica costumbre cinematográfica de situar la cámara fuera del ring (algo que, por otro lado, es inevitable en televisión). Por eso, la presencia de los auténticos Micky Ward y Dicky Eklund como broche de la propuesta puede leerse también como un tributo del film al trabajo, no siempre valorado, de ciertos profesionales de la retaguardia de la industria del entretenimiento.

The Fighter - David O. Russell - 2010 [ficha técnica]
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domingo, 3 de abril de 2011

Inside Job

En la línea de documentales como Zeitgeist, del activista Peter Joseph, o Capitalismo: Una historia de amor, del cineasta/showman Michael Moore, lo que marca la diferencia de Inside Job respecto a otros trabajos similares es que no toma un punto de vista antisistema. Las voces críticas hacia el desplome financiero de 2008 y la posterior crisis en la que nos hayamos no sólo se encuentran entre lo detractores del capitalismo, también entre quienes, sin dejar de apoyar ideas como la del libre mercado, achacan lo desastroso de la situación no al mundo financiero en sí sino a una mala aplicación de sus principios. Es lo que pretende Inside Job, no criticar las reglas del juego sino la actitud tramposa de sus participantes más importantes. En una secuencia definitoria de lo que diferencia las intenciones de Joseph de las de sus predecesores, una mujer hispana nos cuenta su drama al ser estafada cuando compró su casa, un detalle aislado, el de la voz del pueblo que no vuelve a sonar en todo el film, y sesgado, ya que el cineasta no puede probar en qué grado las familias hoy en día en bancarrota fueron estafadas en su momento, por ello, la narración apunta mucho más alto: Con bastante rigor, Peter Joseph, ayudado por la voz en off de Matt Damon, arremete contra la cúspide de la pirámide capitalista, poniendo el punto de mira tanto en los despreocupados líderes de las firmas más poderosas del sistema financiero como en las entidades reguladoras en cuya falta de severidad, según Joseph, está el verdadero origen de la crisis en la que vivimos. El problema de este rigor es que el director cuenta con tal cantidad de datos que le es imposible mostrarla de una manera directa visualmente, teniendo que recurrir continuamente al texto hablado o escrito, y al final Inside Job termina siendo un gigantesco Power Point narrado (y con recurrentes planos aéreos de Nueva York a modo de colirio y poco más) cuyas escasas inquietudes artísticas hacen que sean precisamente las diapositivas más visuales (diagramas, gráficas, etc.) las menos inteligibles, y sólo es atractivo en cuanto trabajo cinematográfico por contadísimos detalles, como son su construcción global, con un tramo final en el que Obama hace una aparición estelar que la película no tardará en desmitificar, y su retrato de los (pocos) implicados en el derrumbe financiero que accedieron a ser entrevistados para el proyecto, cuyos titubeos ante la cámara delatan la falta de madurez de los individuos en cuyas manos está la salud de nuestra sociedad del bienestar.

Inside Job - Charles Ferguson - 2010 [ficha técnica]
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martes, 15 de marzo de 2011

Winter's Bone

Winter's Bone es una de esas películas que funcionan a pesar de su discutible caligrafía. La directora Debra Granik imprime un criterio de realización azaroso, sin un motivo claro a la hora de elegir tal o cual plano, y con un exceso de recurrencia hacia aleatorios emplazamientos de cámara: tan pronto pone el objetivo a ras de suelo como lo vuelve a situar a una altura convencional, dejando claro con ello que no se busca un significado concreto con estos caprichosos ángulos sino que sólo pretende dar al montaje un carácter nervioso (con unos problemas de raccord que, me temo, no son deliberados) no siempre apropiado para el tono del relato. Las secuencias de presentación de la adolescente Ree (Jennifer Lawrence), avanzan de esta guisa pero, por suerte, el desafortunado trazo de Granik no logra desdibujar otras facetas mucho más logradas, como son el elaborado diseño de producción de Mark White o el acertado cromatismo fotográfico de Michael McDonough, completamente afines al frío paisaje humano que rodea a la protagonista. La realizadora cuenta con este apoyo para extender una incisiva mirada sobre la pobreza cultural de los hillbillies residentes en cierta zona de Missouri que Daniel Woodrell, autor de la novela homónima, conoce perfectamente, y Granik describe las costumbres de los pobladores de la región con eminente mala uva ya que, aunque parece contar con la colaboración de habitantes reales para algunas escenas (como son el momento del concierto folk familiar), su mirada no es para nada amable hacia ellos, sino notablemente crítica. Véase ese punto de inflexión del relato que es la visita de Ree a una subasta del ganado donde el nervioso montaje antes citado equipara los orondos cuerpos de los vaqueros aglomerados en una grada con el hacinamiento de las reses preparadas para la subasta, o los gritos de la protagonista con los berridos de uno de los terneros. Sin embargo, lo más interesante no es ya esta descripción social sino el tratamiento que la directora hace del camino iniciático emprendido por la protagonista, cuyo aprendizaje no connota algo positivo sino una manera de cerrar tan hermética sociedad sobre sí misma. Así, la escena final de la motosierra, una especie de catártico bautismo de sangre para Ree impulsado por sus coterráneas de mayor edad, se corresponde con la manera en la que, en otro momento, la propia joven anima a sus hermanos pequeños a destripar una ardilla. Es uno de los niños, la pequeña Ashlee (Ashlee Thompson), una figura fundamental para entender la mirada de la directora, ya que la pequeña personifica mejor que nadie esa terrible espiral de hermetismo como consecuencia de un relevo generacional, especialmente por parte de las mujeres, que perpetúa la moral de los adultos. Hay detalles tan sutiles como la manera en la que Ashlee incordia a su hermano para despertarlo al principio de la película, que es similar a la forma en la que el tío de Ree despertará a ésta más adelante; la habilidad que Ashlee tiene para encontrar ardillas cuando los hermanos salen de cacería, o el plano, una vez finalizados los títulos de crédito, de Ashlee correteando con dos palitos en la cabeza a modo de cuernos (de nuevo la cruel equiparación del personaje con el ganado), pero no hay una imagen tan reveladora como el inverosímil plano final de Ashlee tomando el banjo de su padre y tocándolo con una fantástica habilidad, una manera tajante de envenenar el final feliz sugiriendo que en el futuro los personajes tendrán más de lo mismo.

Winter's Bone - Debra Granik - 2010 [ficha técnica]
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viernes, 25 de febrero de 2011

Cisne negro

Al igual que muchos de sus congéneres, Darren Aronofsky es un cineasta para el cual la construcción narrativa es el elemento más importante de una filmación. Su interés por proponer estructuras enmarañadas en lo que se refiere a tiempo, espacio y/o punto de vista es casi compulsiva, algo que hace que sus proyectos se conviertan en algo traumático o que los guiones de sus películas, ya sean propios o ajenos, tarden años en cerrarse. El luchador, una excepción en su filmografía por su inusual simpleza y linealidad, fue un trabajo en el que, por primera vez, se ofreció a seguir de cerca a sus protagonistas sin pretender redescubrir las posibilidades narrativas del lenguaje cinematográfico, aprendiendo con ello una lección que ha sabido aplicar a la hora de volver a experimentar con los laberintos expositivos en Cisne negro. Su última película es la que mejor resume la breve carrera del cineasta, volviendo a ser un trabajo de barroca construcción pero en torno a un único personaje, el de la bailarina Nina Sayers (Natalie Portman), que vendría a ser un trasunto del interpretado por Mickey Rourke en el anterior largometraje del realizador. Es cierto que aquí vuelve a contar con otro guión de un Mark Heyman (y dos colaboradores) poco afortunado en la definición de caracteres, y no se entiende que, en un relato perfilado tortuosamente con tiralíneas, la mayoría de los secundarios que acompañan a la protagonista, como Lily (Mila Kunis), Thomas (Vincent Cassel), Erica (Barbara Hershey) o Beth (Winona Ryder), estén definidos con trazo grueso y con una inexistente evolución psicológica, pero también es cierto que esto vuelve a compensarse con una magistral dirección de actores ya demostrada (véase a Ellen Burstyn en Réquiem por un sueño) y que en el caso de la intervención de Natalie Portman supone un trabajo monumental, un ejercicio de entrega total no sólo en los momentos más viscerales, también cuando interpreta a una Nina inocente que llora a moco tendido cuando llama a su madre para darle una buena noticia.

Aronofsky sigue a su peculiar protagonista de la misma manera que lo hizo en El luchador, con ese tipo de plano tan de moda que podríamos denominar travelling objetivo (ése que sigue el movimiento del personaje mostrando su cogote), habitual en ciertos paladines del hiperrealismo con pretensiones muy alejadas de las de Aronofsky, como Gus Van Sant, Cristian Mungiu o los hermanos Dardenne, un tipo de plano fundamental dentro de un estilo que permitió al director observar de cerca y con enorme respeto a una estrella de un universo tan contracultural como la lucha libre, y que ahora le permite dar la vuelta al carácter que para el espectador tiene un arte supuestamente etéreo como el ballet, y lo hace con enorme minuciosidad: una perfecta metáfora de la idea de la danza que se quiere transmitir se da en una secuencia de corte documental que tiene lugar al principio, cuando Nina destroza sus flamantes zapatillas para facilitar sus movimientos, algo que anticipa el castigo físico que las bailarinas sufren en sus propios cuerpos y que el film mostrará más adelante (no van mal encaminados quienes han visto en Aronofsky un digno sucesor de David Cronenberg y su obsesión por las heridas de la carne).

Cisne negro no sólo es la historia de una compañía de ballet que adapta El lago de los cisnes, también es, en si misma, una adaptación libre de la obra de Chaikovski (y una oportunidad de oro para el compositor Clint Mansell, verdadero coautor de casi toda la obra de Aronofsky) en la cual se desarrolla una brillante idea en torno a la doble moral de un arte que impide el desarrollo vital del artista. El ballet es una verdadera tortura para sus ejecutantes, lo cual, para Aronofsky, supone una contradicción: los personajes llegan a la cúspide de su formación tras una vida de martirio pero es imposible alcanzar la plenitud artística sin llegar antes a la completa liberación personal. Nina vive un abrupto y tardío despertar sexual y se enfrenta a un mundo nuevo en algo que hasta entonces le había sido, si no prohibido, sí escamoteado. Por ello el cisne negro del título constituye algo negativo o positivo en función del momento en el que nos encontremos dentro de la evolución del personaje. En ese sentido, el uso de los negros y los blancos deviene fundamental tanto en el trabajo fotográfico de Matthew Libatique como en los constantes detalles de vestuario (por ejemplo, el top negro que Lily presta a Nina en su primera noche de juerga, o el atuendo de su madre cada vez que se entromete en su intimidad), algo que es especialmente notable conforme Lily se presenta para Nina como inalcanzable modelo de libertinaje, como objeto de deseo sexual, como rival a batir o como todo ello a la vez. Y es en torno a la relación de Nina con su impúdica antagonista como se introduce la última gran idea desarrollada en el film, y es la mente trastornada de la protagonista como motor de la dualidad antes citada (del arte reprimido y de la libertad sexual) que hace que en ningún momento se tenga la certeza de que lo que vemos ocurra realmente dentro de la ficción del relato o como producto de los delirios de su desequilibrada protagonista.

'Black Swan' - Darren Aronofsky - 2010 [ficha técnica]
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sábado, 19 de febrero de 2011

Valor de ley (True Grit)

Si bien no hay que olvidar la aparición de numerosos personajes característicos del imaginario de los Hermanos Coen, como son el hombre oso (Ed Corbin) o los secuaces del forajido Lucky Ned Pepper (Barry Pepper), y que también hay mucho de su frontal punto de vista de la violencia en las ejecuciones por ahorcamiento o la brillante secuencia de la cabaña, en líneas generales, la última película de los Coen termina siendo un western más asociado a lo que se considera convencional en el estado actual del género que a una posible voluntad por parte de los cineastas de transgredir los parámetros establecidos, voluntad que se les ha venido atribuyendo, no siempre acertadamente, en cada uno de los catorce largometrajes que han escrito y dirigido. A estas alturas puede que debamos preguntarnos, no ya si los Coen siguen siendo los enfant terribles de Sangre fácil o Arizona baby, sino si lo han sido realmente alguna vez. Si nos fijamos en alguno de los cineastas americanos más relevantes de la generación posterior (por ejemplo, Quentin Tarantino, Christopher Nolan, Darren Aronofsky o Bryan Singer) vemos que casi nunca han buscado influencias en las raíces de la cultura americana sino en sus secuelas populares, como son los cómics, el cine de serie B o la música pop. Los Coen, sin embargo, siempre se han inspirado en personalidades del siglo XX mucho mejor vistas desde un punto de vista académico, como son Dashiell Hammett (Muerte entre las flores), Edward Hopper (Barton Fink), Frank Capra (El gran salto), James Cain (El hombre que nunca estuvo allí) o Cormac McCarthy (No es país para viejos), por eso es lógico que a la hora de afrontar True grit partieran de la novela homónima de Charles Portis en lugar de la popular adaptación para el cine de Henry Hathaway o su secuela El rifle y la biblia, y no es en absoluto una provocación que gran parte de los implicados en este film hayan declarado que no han visto la versión de Hathaway o no se acuerdan de cuando lo hicieron. Por todo ello, era de esperar que la incursión de los hermanos Coen en el más americano de los géneros diera como resultado un título no sólo excelentemente escrito (sobre todo en su parte dialogada), filmado (con una inteligente utilización del punto de vista) e interpretado (por cualquiera de los cinco actores principales, Jeff Bridges, Matt Damon, Josh Brolin, Barry Pepper y la joven Hailee Steinfeld, todo un descubrimiento), también es un western muy respetuoso con los requisitos del género, tanto que tal vez peque de un exceso de grandilocuencia en su complaciente tramo final, si bien esto queda rectificado en un imprescindible epílogo, en el que la idea principal del relato, la evolución de los personajes del implacable Rooster Cogburn y la pequeña Mattie Ross en torno a la admiración mutua, se hace física mediante la amputación en el cuerpo de la pequeña, quien vivirá el resto de su vida con una marca similar al parche en el ojo de Cogburn.

'True Grit' - Ethan Coen, Joel Coen - 2010 [ficha técnica]
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martes, 8 de febrero de 2011

Amor y otras drogas

Pese a estar repleto de incontables clichés de la comedia juvenil de destape (el protagonista conquistador, el ex-novio perfecto y celoso, el compañero gordo y gracioso, las fiestas con chicas en sujetador y besos lésbicos...) el guión para Amor y otras drogas escrito por el propio director de la cinta, Edward Zwick, junto a su habitual colaborador Marshall Herskovitz y al productor Charles Randolph no deja de ser una interesante adaptación del libro autobiográfico de Jamie Reidy Hard Sell: The Evolution of a Viagra Salesman, donde Reidy detalla sus años trabajando para la farmacéutica Pfizer y vendiendo la que tal vez sea la droga más exitosa de los noventa: Viagra. A partir de la historia de Reidy, los artífices de Amor y otras drogas componen el ascenso social de Jamie Randall (Jake Gyllenhaal), inexperto vendedor de antidepresivos del laboratorio Pfizer que va ganando popularidad a medida que hace uso de sus dotes seductoras para ganarse la confianza de las empleadas de consultas médicas donde consigue colocar muestras de Zoloft y retirar las de la competencia (Prozac).

El paralelismo existente entre el ascenso social del personaje y el progreso en sus conquistas sexuales, potenciado por el lanzamiento de Viagra por parte de Pfizer, es algo que Zwick y sus colegas no desaprovechan, y abordan subrayando la relación de Jamie con las mujeres, sobre todo en dos casos: por un lado, de manera intermitente, el protagonista se encuentra con una mujer (Katheryn Winnick) que confiesa acostarse sólo con médicos, suponiendo así un objetivo, en principio, inalcanzable para el conquistador, una fantasía a la que Jamie se refiere con un nombre inventado, "Lisa"; por otro lado está el affaire principal del relato, para el cual los artífices de Amor y otras drogas cuentan con una acertadísima Anne Hathaway, una actriz cuya entrega no sólo es interpretativa, también se nos presenta con una falta de pudor admirable y acorde con las exigencias del relato. Porque su personaje, Maggie Murdock, una paciente desequilibrada y enferma de Parkinson, no tardará en convertirse en objeto de deseo de Jamie y los desnudos de Hathaway, lejos de resultar gratuitos, son una manera tan válida como otra cualquiera de hacer creíble la atracción que Jamie siente por ella: si se tiene en cuenta que el joven puede poseer a casi cualquier mujer, era necesario destacar de alguna manera a Maggie a sus ojos, para ello Zwick plantea en off casi todos los encuentros sexuales del protagonista a excepción de los que tiene con Maggie, cuyo atractivo para aquél queda claro desde su primera aparición cuando, con sorprendente naturalidad, no tiene reparos en enseñar un pecho.

Durante más de la mitad del film, la historia de Jamie y Maggie se desarrolla movida únicamente por la pulsión sexual, pero únicamente hasta un punto de inflexión del relato: la secuencia en la que Jamie, tras charlar con un desconocido cuya esposa padece Parkinson en un estado mucho más avanzado, es consciente de la verdadera dimensión de la enfermedad de Maggie y, en adelante, Jamie tendrá otra imagen de ella (no por casualidad, el espectador no volverá a verla desnuda). Desafortunadamente, el tono de la comedia de Zwick se vuelve algo más errático a partir de ahí, con varios altibajos que pasan por un malogrado episodio en el que Jamie y su hermano son invitados a una fiesta de pijama, donde el protagonista logra por fin tener sexo con Lisa. Un hecho que esconde un detalle negativo del personaje que Zwick, en el edulcorado desenlace, parece pasar por alto, y es que Jamie sólo será fiel a una única mujer, en la salud y en la enfermedad, cuando se haya acostado con todas las demás.

'Love and Other Drugs' - Edward Zwick - 2010 [ficha técnica]
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viernes, 4 de febrero de 2011

Más allá de la vida

El título escogido en castellano para el último film de Clint Eastwood es un fallido intento a la hora de encontrar la mejor traducción a Hereafter, un termino que puede traducirse bien como "el más allá" o bien como "en lo sucesivo" o (como se tradujo en el caso del film de Atom Egoyan The Sweet Hereafter) "el porvenir", y cuya semántica viene como un guante a la dualidad semántica que a su vez tiene el guión de Peter Morgan o, al menos, la lectura que de éste hace Clint Eastwood, ya que Hereafter esconde bajo la apariencia de un tratado sobre el más allá la historia de tres personajes que miran con aflicción hacia un porvenir incierto, personajes que son en gran medida tres representaciones de otros tantos caracteres habituales en el cine de Eastwood: George Lonegan (Matt Damon), un hombre sencillo de la américa profunda; Marie LeLay (Cécile De France), una mujer sola contra el mundo, y el pequeño Marcus (Frankie/George McLaren), un ejemplo de infancia desdichada. Y hay que dejar claro que lo que se cuenta en el film es el devenir errático de estos tres personajes, y ello se hace en clave de drama; en ese sentido el título "Más allá de la vida", pese a ser más parcial que el original, al menos no promete nada raro al espectador, como se ha hecho en la distribución americana del film según la cual, y como puede leerse en la entrada de Wikipedia en inglés sobre Peter Morgan, Hereafter es "un thriller sobrenatural en la línea de El sexto sentido", afirmación tras la cual no sería de extrañar que la película hubiera resultado decepcionante para espectadores (y hasta especialistas) engañados no sólo por estas desafortunadas afirmaciones, también por su llamativo poster estilo "thriller científico", o por la ya célebre escena que recrea el tsunami real que tuvo lugar en el océano Índico en 2004, una escena en la que se nota la presencia de Steven Spielberg en la producción, por tener una construcción muy similar al primer ataque extraterrestre mostrado en La guerra de los mundos, si bien Eastwood, de manera muy acertada, toma prestado este elemento sin recrearse más de lo necesario en su espectacularidad, sólo se vale de él en cuanto tarjeta de presentación en la que se introduce no tanto una película de atracciones como un relato marcado por la tragedia.

Porque las vivencias de los protagonistas de Hereafter se describen en base a una sucesión de situaciones de contenida amargura en las que Eastwood jamás cae en la sensiblería, e intenta conservar un tono sobrio en el que ni siquiera desentona una catástrofe natural, un accidente de tráfico o un atentado. En ese sentido, se agradece que, a diferencia de lo que suele hacer en sus dramas, Eastwood apenas recurra a los recursos musicales como subrayado en los momentos más emotivos (salvo un par de ocasiones en torno a Marie) siendo ejemplar la ventaja que el film obtiene de los silencios durante muchas de las secuencias climáticas de la película, por ejemplo, durante la presentación de Marcus y su hermano Jason, con la posterior aparición de la madre de ambos, Jackie (Lyndsey Marshal), momento éste con una planificación casi milimetrada que ofrece, en un par de minutos y sin apenas diálogos, una descripción completa de la forma de ser y las motivaciones de cada uno de ellos, pasando a un hecho en el que queda claro que ni el guión de Morgan ni la realización de Eastwood juzgan a ninguno de los personajes: por más que Jackie llegue a casa ebria y con pinchazos de aguja en los brazos, será el pequeño Jason con la ayuda de su tímido hermano el que se las arregle para convencer a los servicios sociales de que se trata de una madre ejemplar, y hacerles ver que realmente siente amor por sus hijos, siendo ésta una manera magistral de incrementar aún más el carácter trágico del momento que posteriormente vivirá la familia, es decir, de hacer un subrayado en el lado emocional y no en el espectacular. No menos grave se nos presenta la pesada carga con la que tiene que vivir el buenazo de George, cuya habilidad para comunicarse con el más allá no es una virtud sino una maldición, cuando conoce a una mujer tan espectacular y agradable como Melanie (Bryce Dallas Howard) y Eastwood se toma su tiempo para describir la relación entre ambos, haciendo que cada vez parezcan más atraídos el uno por el otro, hasta el momento en el que es Melanie la que propone a George cenar en casa de éste, lugar donde el relato dará por finalizado el affair de un plumazo y con una dureza no por contenida menos insoportable, sobre todo cuando veamos que a George no le queda otra cosa para aferrarse a la existencia que sus solitarias audiciones de Dickens y que Melanie ni siquiera volverá al curso de cocina donde se conocieron. Y es que Hereafter sería, pese a su apariencia tranquila, uno de los trabajos más duros en la carrera del director de Sin perdón y Mystic River, si no fuera porque ofrece en sus minutos finales el positivismo con el que viene cerrando sus películas desde Cartas desde Iwo Jima, una tendencia de la que podemos intuir que Clint Eastwood, a diferencia de otros maestros, ha llegado a la vejez con optimismo.

'Hereafter' - Clint Eastwood - 2010 [ficha técnica]
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sábado, 29 de enero de 2011

Lo mejor de 2010


Mis favoritas:

  1. La cinta blanca
  2. Un profeta
  3. Two lovers
  4. I'm not there
  5. La red social


Y ahora, lo que opinan los demás. Empecemos con Cahiers du cinéma España:

  1. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  2. Copia certificada
  3. Film Socialisme
  4. Two lovers
  5. Ne Change Rien
  6. La red social
  7. Fantástico Sr. Fox
  8. La cinta blanca
  9. En tierra hostil
  10. El escritor

Fotogramas:

Miradas de cine:

Cahiers du cinéma Francia:
  1. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  2. Teniente corrupto
  3. Film Socialisme
  4. Toy Story 3
  5. Fantástico Sr. Fox
  6. Un tipo serio
  7. Morrer como um homem
  8. La red social
  9. Chouga
  10. Mother

Sight & Sound:
  1. La red social
  2. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  3. Another Year
  4. Carlos
  5. The Arbor
  6. Winter's Bone
  7. Io sono l'amore (Yo soy el amor)
  8. Autobiografia lui Nicolae Ceausescu
    Film Socialisme
    Nostalgia de la luz
    Poesía
    Un profeta


Votos de Cahiers España:

Àngel Quintana
  1. Film socialisme
  2. Vincere
  3. Copia certificada
  4. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  5. Ne change rien
  6. I'm not there
  7. En tierra hostil
  8. Two lovers
  9. El escritor
  10. Lourdes
Antonio Santamarina
  1. Copia certificada
  2. Shutter Island
  3. Ne change rien
  4. Poesía
  5. La cinta blanca
  6. Film socialisme
  7. La red social
  8. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  9. El escritor
  10. Un profeta
Asier Aranzubia Cob
  1. En tierra hostil
  2. La red social
  3. Un profeta
  4. Toy Story 3
  5. Poesía
  6. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  7. La cinta blanca
  8. La mujer sin piano
  9. Two lovers
  10. Copia certificada
Carlos F. Heredero
  1. Poesía
  2. La cinta blanca
  3. Copia certificada
  4. La red social
  5. Ne change rien
  6. El silencio de Lorna
  7. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  8. Film socialisme
  9. Aita
  10. La mujer sin piano
Carlos Losilla
  1. Film socialisme
  2. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  3. Copia certificada
  4. En tierra hostil
  5. Two lovers
  6. Ne change rien
  7. La red social
  8. Lourdes
  9. I'm not there
  10. La mujer sin piano
Carlos Reviriego
  1. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  2. Toy Story 3
  3. Two lovers
  4. I'm not there
  5. Copia certificada
  6. Film socialisme
  7. La red social
  8. Villa Amalia
  9. Fantástico Sr. Fox
  10. Ne change rien
Eulàlia Iglesias
  1. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  2. Copia certificada
  3. Two lovers
  4. Film socialisme
  5. Teniente Corrupto
  6. Fantástico Sr. Fox
  7. Un profeta
  8. La cinta blanca
  9. Un Tipo Serio
Fran Benavente
  1. Ne change rien
  2. Two lovers
  3. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  4. Vincere
  5. Film socialisme
  6. Copia certificada
  7. Tulpan
  8. Entre nosotros
  9. En tierra hostil
  10. El escritor
Gonzalo De Lucas
  1. Film socialisme
  2. Two lovers
  3. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  4. Copia certificada
  5. Ne change rien
  6. Vincere
  7. Fantástico Sr. Fox
  8. Teniente Corrupto
Gonzalo De Pedro
  1. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  2. Toy Story 3
  3. La red social
  4. Fantástico Sr. Fox
  5. Two lovers
  6. Film socialisme
  7. Ne change rien
  8. Nausicäa del valle del viento
  9. Machete
  10. Aita
Jaime Pena
  1. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  2. Film socialisme
  3. Vincere
  4. Fantástico Sr. Fox
  5. Poesía
  6. Rumores y mentiras
  7. Entre nosotros
  8. Machete
  9. Copia certificada
  10. El escritor
José Antonio Hurtado
  1. Ne change rien
  2. Fantástico Sr. Fox
  3. La cinta blanca
  4. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  5. Film socialisme
  6. La red social
  7. I'm not there
  8. Copia certificada
  9. Vincere
  10. En tierra hostil
José Enrique Monterde
  1. La cinta blanca
  2. Un profeta
  3. El silencio de Lorna
  4. Two lovers
  5. Poesía
  6. La mujer sin piano
  7. El escritor
  8. Copia certificada
  9. Elisa K
  10. Shutter Island
José Manuel López Fernández
  1. Two lovers
  2. En tierra hostil
  3. Nausicäa del valle del viento
  4. Ne change rien
  5. Copia certificada
  6. Fantástico Sr. Fox
  7. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  8. Kick-Ass. Listo para machacar
  9. El escritor
  10. Los otros dos
Roberto Cueto
  1. La cinta blanca
  2. Poesía
  3. Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
  4. El escritor
  5. Fantástico Sr. Fox
  6. La red social
  7. En tierra hostil
  8. Un profeta
  9. Ciudad de vida y muerte
  10. Kick-Ass. Listo para machacar


Votos de Fotogramas:

 EspañolasExtranjeras
Tonio L. Alarcón
Raúl Alda
Ricardo Aldarondo
Jordi Batlle Caminal
Alberto Bermejo
Lluís Bonet Mojica
Carlos Boyero
David Broc
Conxita Casanovas
Quim Casas
Ramón Colom
Jordi Costa
Desirée De Fez
Eduardo De Vicente
Oriol Esteve García
Miguel Anxo Fernández
Fausto Fernández
Carlos F. Heredero
Álex Gorina
La Redacción De Fotogramas
José María Latorre
Carlos Losilla
Lo Que Yo Te Diga
Carlos Marañón
Antón Merikaetxebarría
Mr. Belvedere
Pepe Nieves
Jesús Palacios
Carmen Puyó
Àngel Quintana
Oti Rodríguez Marchante
Sofía Carlota Rodríguez
Rubén Romero
Sergi Sánchez
Juan Sardá
Mirito Torreiro
Antonio Trashorras
Vicente Vergara
Nuria Vidal
Manu Yáñez Murillo
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