Si bien no hay que olvidar la aparición de numerosos personajes característicos del imaginario de los Hermanos Coen, como son el hombre oso (Ed Corbin) o los secuaces del forajido Lucky Ned Pepper (Barry Pepper), y que también hay mucho de su frontal punto de vista de la violencia en las ejecuciones por ahorcamiento o la brillante secuencia de la cabaña, en líneas generales, la última película de los Coen termina siendo un western más asociado a lo que se considera convencional en el estado actual del género que a una posible voluntad por parte de los cineastas de transgredir los parámetros establecidos, voluntad que se les ha venido atribuyendo, no siempre acertadamente, en cada uno de los catorce largometrajes que han escrito y dirigido. A estas alturas puede que debamos preguntarnos, no ya si los Coen siguen siendo los enfant terribles de Sangre fácil o Arizona baby, sino si lo han sido realmente alguna vez. Si nos fijamos en alguno de los cineastas americanos más relevantes de la generación posterior (por ejemplo, Quentin Tarantino, Christopher Nolan, Darren Aronofsky o Bryan Singer) vemos que casi nunca han buscado influencias en las raíces de la cultura americana sino en sus secuelas populares, como son los cómics, el cine de serie B o la música pop. Los Coen, sin embargo, siempre se han inspirado en personalidades del siglo XX mucho mejor vistas desde un punto de vista académico, como son Dashiell Hammett (Muerte entre las flores), Edward Hopper (Barton Fink), Frank Capra (El gran salto), James Cain (El hombre que nunca estuvo allí) o Cormac McCarthy (No es país para viejos), por eso es lógico que a la hora de afrontar True grit partieran de la novela homónima de Charles Portis en lugar de la popular adaptación para el cine de Henry Hathaway o su secuela El rifle y la biblia, y no es en absoluto una provocación que gran parte de los implicados en este film hayan declarado que no han visto la versión de Hathaway o no se acuerdan de cuando lo hicieron. Por todo ello, era de esperar que la incursión de los hermanos Coen en el más americano de los géneros diera como resultado un título no sólo excelentemente escrito (sobre todo en su parte dialogada), filmado (con una inteligente utilización del punto de vista) e interpretado (por cualquiera de los cinco actores principales, Jeff Bridges, Matt Damon, Josh Brolin, Barry Pepper y la joven Hailee Steinfeld, todo un descubrimiento), también es un western muy respetuoso con los requisitos del género, tanto que tal vez peque de un exceso de grandilocuencia en su complaciente tramo final, si bien esto queda rectificado en un imprescindible epílogo, en el que la idea principal del relato, la evolución de los personajes del implacable Rooster Cogburn y la pequeña Mattie Ross en torno a la admiración mutua, se hace física mediante la amputación en el cuerpo de la pequeña, quien vivirá el resto de su vida con una marca similar al parche en el ojo de Cogburn.
'True Grit' - Ethan Coen, Joel Coen - 2010 [ficha técnica]
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sábado, 19 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Amor y otras drogas
Pese a estar repleto de incontables clichés de la comedia juvenil de destape (el protagonista conquistador, el ex-novio perfecto y celoso, el compañero gordo y gracioso, las fiestas con chicas en sujetador y besos lésbicos...) el guión para Amor y otras drogas escrito por el propio director de la cinta, Edward Zwick, junto a su habitual colaborador Marshall Herskovitz y al productor Charles Randolph no deja de ser una interesante adaptación del libro autobiográfico de Jamie Reidy Hard Sell: The Evolution of a Viagra Salesman, donde Reidy detalla sus años trabajando para la farmacéutica Pfizer y vendiendo la que tal vez sea la droga más exitosa de los noventa: Viagra. A partir de la historia de Reidy, los artífices de Amor y otras drogas componen el ascenso social de Jamie Randall (Jake Gyllenhaal), inexperto vendedor de antidepresivos del laboratorio Pfizer que va ganando popularidad a medida que hace uso de sus dotes seductoras para ganarse la confianza de las empleadas de consultas médicas donde consigue colocar muestras de Zoloft y retirar las de la competencia (Prozac).
El paralelismo existente entre el ascenso social del personaje y el progreso en sus conquistas sexuales, potenciado por el lanzamiento de Viagra por parte de Pfizer, es algo que Zwick y sus colegas no desaprovechan, y abordan subrayando la relación de Jamie con las mujeres, sobre todo en dos casos: por un lado, de manera intermitente, el protagonista se encuentra con una mujer (Katheryn Winnick) que confiesa acostarse sólo con médicos, suponiendo así un objetivo, en principio, inalcanzable para el conquistador, una fantasía a la que Jamie se refiere con un nombre inventado, "Lisa"; por otro lado está el affaire principal del relato, para el cual los artífices de Amor y otras drogas cuentan con una acertadísima Anne Hathaway, una actriz cuya entrega no sólo es interpretativa, también se nos presenta con una falta de pudor admirable y acorde con las exigencias del relato. Porque su personaje, Maggie Murdock, una paciente desequilibrada y enferma de Parkinson, no tardará en convertirse en objeto de deseo de Jamie y los desnudos de Hathaway, lejos de resultar gratuitos, son una manera tan válida como otra cualquiera de hacer creíble la atracción que Jamie siente por ella: si se tiene en cuenta que el joven puede poseer a casi cualquier mujer, era necesario destacar de alguna manera a Maggie a sus ojos, para ello Zwick plantea en off casi todos los encuentros sexuales del protagonista a excepción de los que tiene con Maggie, cuyo atractivo para aquél queda claro desde su primera aparición cuando, con sorprendente naturalidad, no tiene reparos en enseñar un pecho.
Durante más de la mitad del film, la historia de Jamie y Maggie se desarrolla movida únicamente por la pulsión sexual, pero únicamente hasta un punto de inflexión del relato: la secuencia en la que Jamie, tras charlar con un desconocido cuya esposa padece Parkinson en un estado mucho más avanzado, es consciente de la verdadera dimensión de la enfermedad de Maggie y, en adelante, Jamie tendrá otra imagen de ella (no por casualidad, el espectador no volverá a verla desnuda). Desafortunadamente, el tono de la comedia de Zwick se vuelve algo más errático a partir de ahí, con varios altibajos que pasan por un malogrado episodio en el que Jamie y su hermano son invitados a una fiesta de pijama, donde el protagonista logra por fin tener sexo con Lisa. Un hecho que esconde un detalle negativo del personaje que Zwick, en el edulcorado desenlace, parece pasar por alto, y es que Jamie sólo será fiel a una única mujer, en la salud y en la enfermedad, cuando se haya acostado con todas las demás.
'Love and Other Drugs' - Edward Zwick - 2010 [ficha técnica]
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El paralelismo existente entre el ascenso social del personaje y el progreso en sus conquistas sexuales, potenciado por el lanzamiento de Viagra por parte de Pfizer, es algo que Zwick y sus colegas no desaprovechan, y abordan subrayando la relación de Jamie con las mujeres, sobre todo en dos casos: por un lado, de manera intermitente, el protagonista se encuentra con una mujer (Katheryn Winnick) que confiesa acostarse sólo con médicos, suponiendo así un objetivo, en principio, inalcanzable para el conquistador, una fantasía a la que Jamie se refiere con un nombre inventado, "Lisa"; por otro lado está el affaire principal del relato, para el cual los artífices de Amor y otras drogas cuentan con una acertadísima Anne Hathaway, una actriz cuya entrega no sólo es interpretativa, también se nos presenta con una falta de pudor admirable y acorde con las exigencias del relato. Porque su personaje, Maggie Murdock, una paciente desequilibrada y enferma de Parkinson, no tardará en convertirse en objeto de deseo de Jamie y los desnudos de Hathaway, lejos de resultar gratuitos, son una manera tan válida como otra cualquiera de hacer creíble la atracción que Jamie siente por ella: si se tiene en cuenta que el joven puede poseer a casi cualquier mujer, era necesario destacar de alguna manera a Maggie a sus ojos, para ello Zwick plantea en off casi todos los encuentros sexuales del protagonista a excepción de los que tiene con Maggie, cuyo atractivo para aquél queda claro desde su primera aparición cuando, con sorprendente naturalidad, no tiene reparos en enseñar un pecho.
Durante más de la mitad del film, la historia de Jamie y Maggie se desarrolla movida únicamente por la pulsión sexual, pero únicamente hasta un punto de inflexión del relato: la secuencia en la que Jamie, tras charlar con un desconocido cuya esposa padece Parkinson en un estado mucho más avanzado, es consciente de la verdadera dimensión de la enfermedad de Maggie y, en adelante, Jamie tendrá otra imagen de ella (no por casualidad, el espectador no volverá a verla desnuda). Desafortunadamente, el tono de la comedia de Zwick se vuelve algo más errático a partir de ahí, con varios altibajos que pasan por un malogrado episodio en el que Jamie y su hermano son invitados a una fiesta de pijama, donde el protagonista logra por fin tener sexo con Lisa. Un hecho que esconde un detalle negativo del personaje que Zwick, en el edulcorado desenlace, parece pasar por alto, y es que Jamie sólo será fiel a una única mujer, en la salud y en la enfermedad, cuando se haya acostado con todas las demás.
'Love and Other Drugs' - Edward Zwick - 2010 [ficha técnica]
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viernes, 4 de febrero de 2011
Más allá de la vida
El título escogido en castellano para el último film de Clint Eastwood es un fallido intento a la hora de encontrar la mejor traducción a Hereafter, un termino que puede traducirse bien como "el más allá" o bien como "en lo sucesivo" o (como se tradujo en el caso del film de Atom Egoyan The Sweet Hereafter) "el porvenir", y cuya semántica viene como un guante a la dualidad semántica que a su vez tiene el guión de Peter Morgan o, al menos, la lectura que de éste hace Clint Eastwood, ya que Hereafter esconde bajo la apariencia de un tratado sobre el más allá la historia de tres personajes que miran con aflicción hacia un porvenir incierto, personajes que son en gran medida tres representaciones de otros tantos caracteres habituales en el cine de Eastwood: George Lonegan (Matt Damon), un hombre sencillo de la américa profunda; Marie LeLay (Cécile De France), una mujer sola contra el mundo, y el pequeño Marcus (Frankie/George McLaren), un ejemplo de infancia desdichada. Y hay que dejar claro que lo que se cuenta en el film es el devenir errático de estos tres personajes, y ello se hace en clave de drama; en ese sentido el título "Más allá de la vida", pese a ser más parcial que el original, al menos no promete nada raro al espectador, como se ha hecho en la distribución americana del film según la cual, y como puede leerse en la entrada de Wikipedia en inglés sobre Peter Morgan, Hereafter es "un thriller sobrenatural en la línea de El sexto sentido", afirmación tras la cual no sería de extrañar que la película hubiera resultado decepcionante para espectadores (y hasta especialistas) engañados no sólo por estas desafortunadas afirmaciones, también por su llamativo poster estilo "thriller científico", o por la ya célebre escena que recrea el tsunami real que tuvo lugar en el océano Índico en 2004, una escena en la que se nota la presencia de Steven Spielberg en la producción, por tener una construcción muy similar al primer ataque extraterrestre mostrado en La guerra de los mundos, si bien Eastwood, de manera muy acertada, toma prestado este elemento sin recrearse más de lo necesario en su espectacularidad, sólo se vale de él en cuanto tarjeta de presentación en la que se introduce no tanto una película de atracciones como un relato marcado por la tragedia.
Porque las vivencias de los protagonistas de Hereafter se describen en base a una sucesión de situaciones de contenida amargura en las que Eastwood jamás cae en la sensiblería, e intenta conservar un tono sobrio en el que ni siquiera desentona una catástrofe natural, un accidente de tráfico o un atentado. En ese sentido, se agradece que, a diferencia de lo que suele hacer en sus dramas, Eastwood apenas recurra a los recursos musicales como subrayado en los momentos más emotivos (salvo un par de ocasiones en torno a Marie) siendo ejemplar la ventaja que el film obtiene de los silencios durante muchas de las secuencias climáticas de la película, por ejemplo, durante la presentación de Marcus y su hermano Jason, con la posterior aparición de la madre de ambos, Jackie (Lyndsey Marshal), momento éste con una planificación casi milimetrada que ofrece, en un par de minutos y sin apenas diálogos, una descripción completa de la forma de ser y las motivaciones de cada uno de ellos, pasando a un hecho en el que queda claro que ni el guión de Morgan ni la realización de Eastwood juzgan a ninguno de los personajes: por más que Jackie llegue a casa ebria y con pinchazos de aguja en los brazos, será el pequeño Jason con la ayuda de su tímido hermano el que se las arregle para convencer a los servicios sociales de que se trata de una madre ejemplar, y hacerles ver que realmente siente amor por sus hijos, siendo ésta una manera magistral de incrementar aún más el carácter trágico del momento que posteriormente vivirá la familia, es decir, de hacer un subrayado en el lado emocional y no en el espectacular. No menos grave se nos presenta la pesada carga con la que tiene que vivir el buenazo de George, cuya habilidad para comunicarse con el más allá no es una virtud sino una maldición, cuando conoce a una mujer tan espectacular y agradable como Melanie (Bryce Dallas Howard) y Eastwood se toma su tiempo para describir la relación entre ambos, haciendo que cada vez parezcan más atraídos el uno por el otro, hasta el momento en el que es Melanie la que propone a George cenar en casa de éste, lugar donde el relato dará por finalizado el affair de un plumazo y con una dureza no por contenida menos insoportable, sobre todo cuando veamos que a George no le queda otra cosa para aferrarse a la existencia que sus solitarias audiciones de Dickens y que Melanie ni siquiera volverá al curso de cocina donde se conocieron. Y es que Hereafter sería, pese a su apariencia tranquila, uno de los trabajos más duros en la carrera del director de Sin perdón y Mystic River, si no fuera porque ofrece en sus minutos finales el positivismo con el que viene cerrando sus películas desde Cartas desde Iwo Jima, una tendencia de la que podemos intuir que Clint Eastwood, a diferencia de otros maestros, ha llegado a la vejez con optimismo.
'Hereafter' - Clint Eastwood - 2010 [ficha técnica]
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Porque las vivencias de los protagonistas de Hereafter se describen en base a una sucesión de situaciones de contenida amargura en las que Eastwood jamás cae en la sensiblería, e intenta conservar un tono sobrio en el que ni siquiera desentona una catástrofe natural, un accidente de tráfico o un atentado. En ese sentido, se agradece que, a diferencia de lo que suele hacer en sus dramas, Eastwood apenas recurra a los recursos musicales como subrayado en los momentos más emotivos (salvo un par de ocasiones en torno a Marie) siendo ejemplar la ventaja que el film obtiene de los silencios durante muchas de las secuencias climáticas de la película, por ejemplo, durante la presentación de Marcus y su hermano Jason, con la posterior aparición de la madre de ambos, Jackie (Lyndsey Marshal), momento éste con una planificación casi milimetrada que ofrece, en un par de minutos y sin apenas diálogos, una descripción completa de la forma de ser y las motivaciones de cada uno de ellos, pasando a un hecho en el que queda claro que ni el guión de Morgan ni la realización de Eastwood juzgan a ninguno de los personajes: por más que Jackie llegue a casa ebria y con pinchazos de aguja en los brazos, será el pequeño Jason con la ayuda de su tímido hermano el que se las arregle para convencer a los servicios sociales de que se trata de una madre ejemplar, y hacerles ver que realmente siente amor por sus hijos, siendo ésta una manera magistral de incrementar aún más el carácter trágico del momento que posteriormente vivirá la familia, es decir, de hacer un subrayado en el lado emocional y no en el espectacular. No menos grave se nos presenta la pesada carga con la que tiene que vivir el buenazo de George, cuya habilidad para comunicarse con el más allá no es una virtud sino una maldición, cuando conoce a una mujer tan espectacular y agradable como Melanie (Bryce Dallas Howard) y Eastwood se toma su tiempo para describir la relación entre ambos, haciendo que cada vez parezcan más atraídos el uno por el otro, hasta el momento en el que es Melanie la que propone a George cenar en casa de éste, lugar donde el relato dará por finalizado el affair de un plumazo y con una dureza no por contenida menos insoportable, sobre todo cuando veamos que a George no le queda otra cosa para aferrarse a la existencia que sus solitarias audiciones de Dickens y que Melanie ni siquiera volverá al curso de cocina donde se conocieron. Y es que Hereafter sería, pese a su apariencia tranquila, uno de los trabajos más duros en la carrera del director de Sin perdón y Mystic River, si no fuera porque ofrece en sus minutos finales el positivismo con el que viene cerrando sus películas desde Cartas desde Iwo Jima, una tendencia de la que podemos intuir que Clint Eastwood, a diferencia de otros maestros, ha llegado a la vejez con optimismo.
'Hereafter' - Clint Eastwood - 2010 [ficha técnica]
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sábado, 29 de enero de 2011
Lo mejor de 2010
Mis favoritas:
Y ahora, lo que opinan los demás. Empecemos con Cahiers du cinéma España:
- Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
- Copia certificada
- Film Socialisme
- Two lovers
- Ne Change Rien
- La red social
- Fantástico Sr. Fox
- La cinta blanca
- En tierra hostil
- El escritor
Fotogramas:
- Españolas:
- Extranjeras:
Miradas de cine:
- Favoritas:
- La red social
- Two lovers
- Toy Story 3
- Un profeta
- La cinta blanca
- Shutter Island
- Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
- El escritor
- Un tipo serio
- Copia certificada
- Fantástico Sr. Fox
- Film Socialisme
- Origen
- Canino
- Teniente corrupto
- Poesía
- Vincere
- Exit Through the Gift Shop
- Ne Change Rien
- Scott Pilgrim contra el mundo
- Sobrevaloradas:
Cahiers du cinéma Francia:
- Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
- Teniente corrupto
- Film Socialisme
- Toy Story 3
- Fantástico Sr. Fox
- Un tipo serio
- Morrer como um homem
- La red social
- Chouga
- Mother
Sight & Sound:
- La red social
- Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
- Another Year
- Carlos
- The Arbor
- Winter's Bone
- Io sono l'amore (Yo soy el amor)
- Autobiografia lui Nicolae Ceausescu
Film Socialisme
Nostalgia de la luz
Poesía
Un profeta
Votos de Cahiers España:
| Àngel Quintana | |
| Antonio Santamarina | |
| Asier Aranzubia Cob | |
| Carlos F. Heredero | |
| Carlos Losilla | |
| Carlos Reviriego | |
| Eulàlia Iglesias | |
| Fran Benavente | |
| Gonzalo De Lucas | |
| Gonzalo De Pedro | |
| Jaime Pena | |
| José Antonio Hurtado | |
| José Enrique Monterde | |
| José Manuel López Fernández | |
| Roberto Cueto |
Votos de Fotogramas:
| Españolas | Extranjeras | |
| Tonio L. Alarcón | ||
| Raúl Alda | ||
| Ricardo Aldarondo | ||
| Jordi Batlle Caminal | ||
| Alberto Bermejo | ||
| Lluís Bonet Mojica | ||
| Carlos Boyero | ||
| David Broc | ||
| Conxita Casanovas | ||
| Quim Casas | ||
| Ramón Colom | ||
| Jordi Costa | ||
| Desirée De Fez | ||
| Eduardo De Vicente | ||
| Oriol Esteve García | ||
| Miguel Anxo Fernández | ||
| Fausto Fernández | ||
| Carlos F. Heredero | ||
| Álex Gorina | ||
| La Redacción De Fotogramas | ||
| José María Latorre |
| |
| Carlos Losilla | ||
| Lo Que Yo Te Diga | ||
| Carlos Marañón | ||
| Antón Merikaetxebarría | ||
| Mr. Belvedere | ||
| Pepe Nieves | ||
| Jesús Palacios | ||
| Carmen Puyó | ||
| Àngel Quintana |
| |
| Oti Rodríguez Marchante | ||
| Sofía Carlota Rodríguez | ||
| Rubén Romero | ||
| Sergi Sánchez | ||
| Juan Sardá | ||
| Mirito Torreiro | ||
| Antonio Trashorras | ||
| Vicente Vergara | ||
| Nuria Vidal | ||
| Manu Yáñez Murillo |
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lo mejor del año
lunes, 24 de enero de 2011
El demonio bajo la piel
Muchos cineastas como Michael Haneke nos recuerdan insistentemente que no es necesario hacer explícita la violencia en la pantalla para alertarnos sobre ella, consiguiendo con ello películas que son a menudo una exigente prueba para los espectadores, quienes somos incapaces de soportar la violencia no mostrada, por más que los medios audiovisuales nos hayan inmunizado contra la violencia explícita. Eso no quiere decir, sin embargo, que la representación figurativa de la violencia no pueda también incomodar, lo que pasa es que, a estas alturas, es muy difícil no traspasar mediante la imagen en movimiento la línea que separa la repulsión hacia el acto violento de la atracción hacia ese mismo acto. El demonio bajo la piel cuenta con cuatro secuencias climáticas que describen los actos violentos de su protagonista y narrador, el ayudante de sheriff Lou Ford (Casey Affleck), y lo hacen alternando la violencia fuera de campo con una exposición deliberadamente frontal: por un lado, en un flashback se nos sugiere que un Lou Ford adolescente está violando a una pequeña de cinco años ante la mirada atónita de su hermano mayor, y de forma aún más sutil, mediante una elipsis, sabemos que Ford se ha deshecho de su cómplice, el adolescente Johnnie Pappas (Liam Aiken); por otro lado se nos muestra con insoportable claridad cómo Ford deforma el rostro de su amante, la prostituta Joyce Lakeland (Jessica Alba), mientras la golpea impulsivamente hasta matarla, y más tarde tampoco se nos ahorra la imagen de la agonía de la prometida de Ford después de que éste la golpee brutalmente en el estómago. El director Michael Winterbottom (quien, con esta particular participación en el cine negro, completa la filmografía más heterogénea del panorama mundial) realiza una filmación nada acomodaticia de la violencia, y lo hace utilizando formatos antagónicos pero con constante brillantez, sobre todo gracias a la impecable interpretación de Casey Affleck. Sin embargo, el trabajo de Winterbottom y Affleck queda malogrado al pasar por las exigencias de producción de El demonio bajo la piel, cuya ambientación "noir" obliga a recargar las imágenes con todo tipo de parafernalia de época, incluyendo unas nada afortunadas canciones populares de corte excesivamente frívolo, que suenan cada vez con más frecuencia a medida que la película se acerca a su tramo final, y que terminan dando la sensación de que los hechos son narrados con cierta ironía, imponiendo de este modo un inadecuado distanciamiento entre el espectador y la crudeza del material de partida.
'The killer inside me' - Michael Winterbottom - 2010 [ficha técnica] ... leer más
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martes, 11 de enero de 2011
No controles
Muchos críticos apostaron por Borja Cobeaga como una joven promesa en la comedia nacional, declarando que sería una lastima que el director desaprovechara en el futuro sus orígenes televisivos y abandonara un género tan necesario como desafortunado en nuesto cine, todo ello a raíz de la irregular Pagafantas, una película que, según Tonio L. Alarcón, "no intenta hacer reír a toda costa, sino que pone el acento en el desarrollo de los personajes, y en el reflejo de una generación que sigue sin saber lo que quiere de la vida" (Dirigido por..., junio de 2009). Pues bien, tal vez sea una buena noticia el hecho de que Cobeaga, en su segundo largometraje, no haya abandonado la comedia, pero hay que lamentar, y mucho, que el director haya otorgado casi al completo el espíritu de este nuevo proyecto a las temibles formas de lo peor de la comedia catódica, perdiendo entre otras cosas uno de los (pocos) aspectos realmente destacables de Pagafantas, me refiero a la mala uva con la que el autor trataba a su protagonista, una actitud mantenida hasta sus últimas consecuencias en aquel trabajo y de la que no queda rastro alguno en No controles. La razón tal vez sea una trama claramente edulcorada a base de clichés como consecuencia del amparo de Antena 3, una productora que, a estas alturas, se permite incluso sonrojantes marcas de autoría, como es la obligatoria escena (casi idéntica a otra que ya vimos en la infumable Fuga de cerebros) en la que el protagonista, siguiendo el consejo de sus amigos, baila con otra chica para provocar los celos de su amada, por no hablar de un reparto salpicado de rostros de la casa, del que se salva, por los pelos, el comedido trabajo de Alexandra Jiménez y la simpática composición de Julián López.
'No controles' - Borja Cobeaga - 2010 [ficha técnica] ... leer más
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lunes, 10 de enero de 2011
Teniente corrupto
A la hora de adaptar el guión del original Teniente corrupto escrito por el propio director de aquel film, Abel Ferrara, en colaboración con otros tres autores, una de las decisiones más interesantes tomadas por el cineasta Werner Herzog y/o el guionista William M. Finkelstein, gracias a la cual Herzog logra un punto de distinción con este remake, consiste en dar una vuelta de tuerca a las motivaciones de su protagonista: a diferencia del policia interpretado por Harvey Keitel en la versión de Ferrara, quien a lo largo del metraje le veíamos utilizando su poder para saciar toda clase de vicios al tiempo que se veía conmovido por el caso de violación de una joven monja, el teniente Terrence McDonagh (encarnado por un descomunal Nicholas Cage) es un agente de policia que va descendiendo progresivamente hacia un cada vez más lamentable infierno personal por culpa de su relación con Frankie (Eva Mendes), una prostituta de lujo, su adicción a las drogas (a las que se engancha para atenuar sus dolores físicos) y su afición a las apuestas, pero compagina su lado más abyecto con un envidiable ascenso profesional, conseguido principalmente gracias a una implacable investigación en el caso del asesinato de una familia afroamericana, investigación durante la cual el protagonista comete algunas atrocidades fruto de su sentido de la moral (cf. la escena en la que interroga a la abuela del único testigo del crimen, donde Terrence está a punto de matar a la anciana de la cual está a cargo quitándole el tubo de oxígeno) pero que, en líneas generales, demuestra una conducta ejemplar, no tolerando el más mínimo abuso policial sobre los implicados y dirigiendo con enorme inteligencia cada una de las operaciones. Para Herzog, las conductas más deplorables del protagonista son casi siempre una consecuencia indirecta de sus adicciones: por ejemplo, mientras el teniente de Ferrara detenía deliberadamente el coche de dos chicas para amenazarlas forzándolas a representar un numerito sexual, cuando Terrence detiene a una pareja de jovenes su único fin es requisarles la droga que llevan encima, aunque después termine teniendo sexo con la chica debido a la actitud promiscua de ésta y al temor de la pareja a ser delatados a sus padres.
Menos afortunado es el desenlace que Herzog / Finkelstein proponen en lugar del planteado por Ferrara, quien hacía que su protagonista fuera asesinado en un ajuste de cuentas tras no poder pagar sus deudas de juego. Terrence, en cambio, vive un final tremendamente idílico, lo cual no tendría por qué ser un problema en sí mismo, siempre que el guión de Finkelstein no estuviera lleno de incongruencias en su tramo final: véase cómo los peligrosos matones que reclaman a Terrence una importante suma de dinero por haberle robado a un cliente de Frankie acuden con incomprensible imprudencia a un tiroteo del que, evidentemente, salen mal parados; cómo el principal sospechoso en el caso de asesinato que investiga Terrence parece no recurrir a sus abogados cuando la policía halla una pista falsa introducida en la escena del crimen, o cómo las deudas de juego de Terrence quedan saldadas cuando gana apostando en un partido de fútbol americano en el que, según hemos visto poco antes (en un ejercicio de despiste al espectador bastante desleal por parte de Herzog), a dos minutos del final el resultado estaba siendo muy desfavorable para Terrence. Como broche a este desafortunado tramo final se situa la secuencia de apenas dos minutos en la que el protagonista recibe tres fugaces visitas de personajes que resuelven verbalmente sus problemas, una secuencia expuesta de manera tan atropellada que se diría que o bien ha sido rodada por un tercero o bien es una broma por parte de Herzog quien, para demostrar su disconformidad con el carácter complaciente del desenlace, rueda la secuencia para que parezca un inserto impuesto por los productores.
'The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans' - Werner Herzog - 2009 [ficha técnica] ... leer más
Menos afortunado es el desenlace que Herzog / Finkelstein proponen en lugar del planteado por Ferrara, quien hacía que su protagonista fuera asesinado en un ajuste de cuentas tras no poder pagar sus deudas de juego. Terrence, en cambio, vive un final tremendamente idílico, lo cual no tendría por qué ser un problema en sí mismo, siempre que el guión de Finkelstein no estuviera lleno de incongruencias en su tramo final: véase cómo los peligrosos matones que reclaman a Terrence una importante suma de dinero por haberle robado a un cliente de Frankie acuden con incomprensible imprudencia a un tiroteo del que, evidentemente, salen mal parados; cómo el principal sospechoso en el caso de asesinato que investiga Terrence parece no recurrir a sus abogados cuando la policía halla una pista falsa introducida en la escena del crimen, o cómo las deudas de juego de Terrence quedan saldadas cuando gana apostando en un partido de fútbol americano en el que, según hemos visto poco antes (en un ejercicio de despiste al espectador bastante desleal por parte de Herzog), a dos minutos del final el resultado estaba siendo muy desfavorable para Terrence. Como broche a este desafortunado tramo final se situa la secuencia de apenas dos minutos en la que el protagonista recibe tres fugaces visitas de personajes que resuelven verbalmente sus problemas, una secuencia expuesta de manera tan atropellada que se diría que o bien ha sido rodada por un tercero o bien es una broma por parte de Herzog quien, para demostrar su disconformidad con el carácter complaciente del desenlace, rueda la secuencia para que parezca un inserto impuesto por los productores.
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miércoles, 5 de enero de 2011
Balada triste de trompeta
Aparte los guiones de casi todos los largometrajes realizados por Daniel Monzón hasta la fecha (a excepción de su debut El corazón del guerrero), el del film de Almodóvar Carne trémula y algún que otro prescindible telefilm, sitcom y miniserie, la carrera como guionista de Jorge Guerricaechevarría comprendía hasta ahora toda la filmografía de Álex de la Iglesia, incluyendo no sólo la totalidad de sus largometrajes para el cine, también su cortometraje de presentación Mirindas asesinas, todos los episodios de la serie Plutón B.R.B. Nero y el resto de sus trabajos para la pequeña pantalla. Por tanto, Balada triste de trompeta es la primera filmación de Álex de la Iglesia partiendo de un guion propio y escrito en solitario, y la falta de la colaboración de Jorge Guerricaechevarría es algo que, para empezar, se nota en la pobreza del material de partida, al cual hay que reconocerle un par de ideas originales (la del circo como metáfora de los últimos años de historia de un país marcado por la locura, y la de la figuración de dos payasos, Triste y Tonto, como representación de dos bandos eternamente enfrentados por un interés común, ya sea una nación o una mujer, a los que sólo terminará uniendo la muerte) pero termina inflándose innecesariamente mediante una sucesión de hilarantes situaciones y personajes de trazo grueso. Lo peor es que esta carencia se traspasa también al Álex de la Iglesia director quien, a pesar de (o precisamente por) contar con unos recursos envidiables (la cuidada labor del departamento de maquillaje o la sobresaliente partitura de Roque Baños), ofrece como resultado final un festival de excesos visuales que parecen intentar tapar las carencias literarias de fondo. Y así es como el director termina dinamitando, en el peor sentido, la sutileza de las ideas de partida, y como muestra valga la nerviosísima escena climática sobre la cruz del Valle de los Caídos, consistente en una inacabable pelea entre los protagonistas rodada a base de golpes de efecto, planos cortos y grúas tan espectaculares como inútiles. Al menos, eso sí, De la Iglesia se permite un guiño a sí mismo en su labor de fotógrafo de lo más representativo del cielo madrileño: sumemos la cruz del Valle de los Caídos al Edificio Carrión, las Torres Kio o las cuadrigas de Higinio de Basterra en la calle de Alcalá.
'Balada triste de trompeta' - Álex de la Iglesia - 2010 [ficha técnica] ... leer más
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sábado, 25 de diciembre de 2010
Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
Resulta extraño que los prosélitos del cine de Apichatpong Weerasethakul vieran en la Palma de Oro otorgada a Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas una manera de premiar al director tailandés allí donde su cine se había vuelto más convencional, extraño porque su última película no es precisamente normal: si se la compara con Tropical Malady, el otro largometraje de Weerasethakul estrenado en nuestro país, Uncle Boonmee no tiene, por ejemplo, una enorme grieta en medio del relato que destruye la narración dividiendo la película en dos, de acuerdo, pero eso no significa que el film no sea tanto o más irreverente que todo lo realizado por el director tailandés hasta la fecha. Hay en la película una extraña búsqueda del uso del plano como experiencia límite, como si se tratara de estirar cada toma hasta la exasperación, creando la sensación de que no ha habido un trabajo de selección de imágenes, como si el largometraje fuera una consecución caótica de todas las tomas realizadas: paradójicamente, se consigue con ello un resultado final en el que las costuras del proceso de edición quedan tan expuestas como si Lee Chatametikool, habitual montador de Weerasethakul, hubiera escogido un montaje sincopado, es decir, justo lo contrario. Por otro lado, tampoco hay una linealidad clara en el relato. Puede entenderse, cierto es, una historia con presentación, desarrollo y desenlace, pero no sin atravesar singulares derroteros, como pueden ser el tan bello como extraño (y, por ello mismo, célebre) prólogo con el búfalo en medio de la selva tailandesa; el cuento central, peligrosamente cercano a lo cómico, de la princesa que ofrece sus riquezas a un estanque mágico donde se entrega sexualmente a un ente sobrenatural con forma de pez, o el momento en el que uno de los protagonistas revela su sueño acerca del futuro mientras una sucesión de insólitas fotografías fijas nos muestra a unos jóvenes soldados que parecen divertirse con un hombre disfrazado de mono. En paralelo a todo ello, y aquí está lo más interesante del proyecto, el director nos ofrece un canto a los tiempos pasados que aprueba la comunión con la naturaleza y el concepto panteísta de la existencia (expresado mediante esa sucesión de situaciones en la que se dan la mano lo fantástico y lo cotidiano), y censura los nuevos modos de vida, especialmente en esos minutos finales posteriores a la desaparición del protagonista, donde comienzan las revelaciones más directas de lo que el autor de Uncle Boonmee nos quiere contar. Admitamos que los recursos para hacerlo puedan resultar tediosos, pero es positivo que sigan quedando cineastas en activo dispuestos a buscar nuevas maneras de utilizar el medio cinematográfico, sobre todo cuando no olvidan hacerlo con fines comunicativos, teniendo presente que el cine es, ante todo, un lenguaje.
'Loong Boonmee raleuk chat' - Apichatpong Weerasethakul - 2010 [ficha técnica] ... leer más
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sábado, 11 de diciembre de 2010
Chloe
Pese a venir presentada con formas de melodrama convencional, Chloe es una película donde Atom Egoyan aprovecha las limitadas posibilidades del guión de Erin Cressida Wilson, adaptando el que Anne Fontaine escribió para su película Nathalie.... Olvidando la parte final en la que todo lo expuesto se convierte en una tradicional trama de telefilm con joven seductora y destroza-hogares, el primer tramo de la película expone con brillantez la ansiedad de su protagonista, la ginecóloga Catherine Stewart (Julianne Moore), cuya preocupación por la presunta infidelidad de su marido, el profesor David Stewart (Liam Neeson), no es sino una proyección del pesar de su propia vejez y de sus celos hacia la belleza de las chicas jóvenes que van apareciendo en pantalla, entre ellas sus pacientes, las amantes de sus colegas, las estudiantes que chatean con su esposo, la novia de su hijo o la propia Chloe (Amanda Seyfried), quien no tardará en convertirse en una materialización de la juventud que anhela (la propia Chloe, en el prólogo del relato, presume de que puede convertirse en cualquier fantasía de juventud), hasta el punto de terminar deseándola físicamente. Todo ello empieza a desquebrajarse, precisamente, en una de las escenas más empalagosas del film, cuando Catherine tiene sexo con Chloe, tras lo cual se deja de respetar la entereza del personaje de la joven, y empiezan a surgir motivaciones nada creíbles por su parte, cuando resulta que, en realidad, había sido ésta quien, de manera nada justificada, estaba enamorada de Catherine desde que se conocieron en los lavabos de un restaurante. Todo ello, como decimos, para permitir un tramo final digno de un thriller de sobremesa, que llega a eclipsar a un epílogo bastante más acertado con un brillante plano en consonancia con la primera parte del discurso. Por lo demás, la personalidad del director de obras como El viaje de Felicia o El dulce porvenir queda un poco supeditada aquí a los caprichos de una producción demasiado aburguesada para el director de origen armenio, si bien nos deja unos pasajes en los que recupera la crisis de representación que tan de moda pusieron directores como Egoyan en los noventa, me refiero a los momentos en los que Chloe describe sus encuentros con David y las escenas se reproducen en la mente de Catherine: Egoyan no nos engaña, que lo estemos viendo no significa que ocurriera fuera de la mente de los protagonistas.
'Chloe' - Atom Egoyan - 2009 [ficha técnica] ... leer más
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miércoles, 10 de noviembre de 2010
Copia certificada
La nueva película de Abbas Kiarostami materializa la capitulación de una errática etapa en la carrera del autor iraní de la que se diría que intentaba desintegrar su propio cine a base de proponer ejercicios cada vez más radicales. Y es que, si bien es cierto que el cine del director nunca ha contado con un exagerado beneplácito del público, en todos los largometrajes que Kiarostami rodó antes de la minimalista Ten, en obras maestras como Close up, Y la vida continúa o El sabor de las cerezas (por las cuales fue consagrado en festivales y filmotecas de todo el mundo) el director ofrecía un contenido cinematográfico más accesible, menos transgresor para el espectador tradicional, una práctica que parecía haber aparcado para siempre y que es, a mi juicio, mucho más interesante que el cine extremo propuesto en Five, en 10 on ten o, sobre todo, en Shirin. Sin embargo, la buena noticia no es que Kiarostami haya regresado a un cine de estructura más cabal (es probable que Copia certificada sea su trabajo más correcto en términos académicos), sino que ha retomado la altura de sus pretensiones temáticas: lo que hacía grande al cine que Kiarostami rodó en el Siglo XX era la grandeza del director a la hora de manejar conceptos abstractos mediante la plástica del lenguaje cinematográfico.
En Copia certificada esta grandeza se ve lastrada por el empleo de actores profesionales, que sin tener la inocencia de los anónimos, bajo la tutela de Kiarostami tienen el mismo grado de sobreactuación, pero también se ve magnificada por un generoso presupuesto con el que el director casi nunca había contado y que potencia las posibilidades narrativas de su cine: basta con ver el plano, tantas veces presente en el cine del realizador, de los protagonistas en el interior de un coche, sin estar en este caso velado por la escasez de medios, sino aprovechando el sutil trabajo del operador Luca Bigazzi, con el paisaje rural que recorre el vehículo reflejado elegantemente en el parabrisas. Y es que Kiarostami da en esta película una importancia vital a los reflejos, siendo elementos fundamentales de su puesta en escena los espejos, las imágenes duplicadas, las copias. Así, la Copia certificada del título no se refiere tanto al facsimil del arte como a la copia de los individuos, y ello es algo que el autor no tarda en exponer mediante el personaje de James Miller (William Shimell) cuando afirma en su discurso inicial que la copia se encontraba ya antes en la genética que en el arte. Ello enlaza con los primeros compases del film en los que, a medida que la conoce, Miller intenta aleccionar a su admiradora (Juliette Binoche) sobre cómo educar a su hijo, quien es, en palabras de ella, el vivo retrato de su padre. Pero, como no podía ser de otra manera, este primer discurso sobre el carácter repetitivo de la procreación humana enseguida se queda pequeño en manos de Kiarostami, quien dinamita el relato en el momento en el que proyecta el concepto de "copia" sobre la invariabilidad del comportamiento humano y sobre sus consecuencias como detonante del tedio en la vida de pareja, y lo hace permitiendo que sus personajes entablen un ejercicio de recreación (tanto interpretativa como física, de ahí que se subraye el ritual mediante el que se acicalan frente al espejo), en el que cada uno finge ser la pareja real del otro, para descubrir la escasa diferencia que hay entre ambos, al tiempo que analizan lo que tienen en común con todas las parejas que se encuentran por el camino. En este caso, las conclusiones que Kiarostami plantea con su discurso tienen un tono mucho más desolador de lo que el director acostumbra a ofrecer, en parte por poner cada vez más en el centro del relato a un personaje tan apático como el de Miller, quien asume al final su patética condición de participante de un juego del que se creía espectador. Así nos lo cuenta Kiarostami, una vez más, en un magistral plano final que podría ser analizado durante horas.
'Copie Conforme' - Abbas Kiarostami - 2010 [ficha técnica] ... leer más
En Copia certificada esta grandeza se ve lastrada por el empleo de actores profesionales, que sin tener la inocencia de los anónimos, bajo la tutela de Kiarostami tienen el mismo grado de sobreactuación, pero también se ve magnificada por un generoso presupuesto con el que el director casi nunca había contado y que potencia las posibilidades narrativas de su cine: basta con ver el plano, tantas veces presente en el cine del realizador, de los protagonistas en el interior de un coche, sin estar en este caso velado por la escasez de medios, sino aprovechando el sutil trabajo del operador Luca Bigazzi, con el paisaje rural que recorre el vehículo reflejado elegantemente en el parabrisas. Y es que Kiarostami da en esta película una importancia vital a los reflejos, siendo elementos fundamentales de su puesta en escena los espejos, las imágenes duplicadas, las copias. Así, la Copia certificada del título no se refiere tanto al facsimil del arte como a la copia de los individuos, y ello es algo que el autor no tarda en exponer mediante el personaje de James Miller (William Shimell) cuando afirma en su discurso inicial que la copia se encontraba ya antes en la genética que en el arte. Ello enlaza con los primeros compases del film en los que, a medida que la conoce, Miller intenta aleccionar a su admiradora (Juliette Binoche) sobre cómo educar a su hijo, quien es, en palabras de ella, el vivo retrato de su padre. Pero, como no podía ser de otra manera, este primer discurso sobre el carácter repetitivo de la procreación humana enseguida se queda pequeño en manos de Kiarostami, quien dinamita el relato en el momento en el que proyecta el concepto de "copia" sobre la invariabilidad del comportamiento humano y sobre sus consecuencias como detonante del tedio en la vida de pareja, y lo hace permitiendo que sus personajes entablen un ejercicio de recreación (tanto interpretativa como física, de ahí que se subraye el ritual mediante el que se acicalan frente al espejo), en el que cada uno finge ser la pareja real del otro, para descubrir la escasa diferencia que hay entre ambos, al tiempo que analizan lo que tienen en común con todas las parejas que se encuentran por el camino. En este caso, las conclusiones que Kiarostami plantea con su discurso tienen un tono mucho más desolador de lo que el director acostumbra a ofrecer, en parte por poner cada vez más en el centro del relato a un personaje tan apático como el de Miller, quien asume al final su patética condición de participante de un juego del que se creía espectador. Así nos lo cuenta Kiarostami, una vez más, en un magistral plano final que podría ser analizado durante horas.
'Copie Conforme' - Abbas Kiarostami - 2010 [ficha técnica] ... leer más
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martes, 2 de noviembre de 2010
The Lovely Bones
La carrera cinematográfica del cineasta Peter Jackson hasta la fecha constituye un fenómeno curioso. Empezó proponiendo un cine tan gamberro, minoritario y de bajo presupuesto como el desarrollado en Mal gusto y El delirante mundo de los Feebles, para terminar rodando un cine tan mainstream y desorbitadamente caro como la trilogía de El señor de los anillos. No es de extrañar que, ante semejante heterogeneidad, la prensa especializada coincida en señalar a Criaturas celestiales como el film más paradigmático de su director, acaso por ser una película equidistante de todos los extremos en los que Jackson se ha movido, si bien era, desde mi punto de vista, la película más atípica de su filmografía hasta que el propio director ha dado la razón a sus estudiosos con la llegada de The Lovely Bones, donde retoma el tipo de relato que desarrolló en Criaturas celestiales, esto es, una historia costumbrista de sucesos criminales narrada desde la óptica de lo fantástico y protagonizada por mujeres jóvenes. Lo malo del asunto es que, a estas alturas, y como ya demostró en King Kong, donde retomó de manera forzada y gratuita el cine grandilocuente que le hizo célebre, el cine de Peter Jackson se ha convertido en una víctima de sí mismo, por lo que The Lovely Bones resulta un film fallido hasta el punto de parecerme un completo error que fuera el director neozelandes quien se hiciera cargo del proyecto, ya que la historia parece funcionar tanto mejor cuanto más racional es la mirada del narrador, como demuestra el tramo inicial del film, que concluye con la brillante secuencia del encuentro entre la adolescente Susie Salmon (Saoirse Ronan) y el que será su asesino, George Harvey (encarnado por un fenomenal Stanley Tucci), un tramo en el que se nos presenta con gran habilidad a Susie y a su familia, con una ágil economía narrativa que se hace patente, por ejemplo, en detalles como la facilidad con que se nos sugiere cómo la pasión matrimonial de los padres de Susie es fulminada por el tedio familiar con un par de planos: el primero recoge cómo ambos se besan en la cama mientras ella deja caer el libro de Albert Camus que estaba leyendo, en el segundo ella lee manuales de cuidado de niños y de cocina mientras el marido duerme profundamente. Lamentablemente, este lado más terrenal del relato parece no interesar lo suficiente al director, quien abandona el mundo real a las primeras de cambio en cuanto su protagonista es asesinada (con el agravante de la pérdida de interés que tendrá el relato una vez alcanzado este punto) y la narración se ve ahogada por empalagosos mundos virtuales, en consonancia con lo que, a mi juicio, suponía el principal (si no único) problema de la celebre adaptación de los libros de J. R. R. Tolkien, donde el tempo narrativo se estiraba hasta lo impensable con todo tipo de grandilocuentes divagaciones. Aquí, esa grandilocuencia es aún más empalagosa y desacertada, y sólo tiene sentido si la tomamos como un auto-homenaje de Jackson o como una excusa para poner imágenes a las no menos ampulosas partituras de Brian Eno.
'The Lovely Bones' - Peter Jackson - 2009 [ficha técnica] ... leer más
'The Lovely Bones' - Peter Jackson - 2009 [ficha técnica] ... leer más
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