jueves, 31 de marzo de 2016

Spotlight

Hace ya más de veinte años, cuando el director Jonathan Demme y el guionista Ron Nyswaner nos contaron la historia de un joven enfermo de SIDA que emprendía un proceso judicial contra la firma que le había despedido por ser homosexual, decidieron titular al film con el nombre de la ciudad que daba contexto a los hechos, Philadelphia, en alusión a que nos estaban hablando, más que de un caso concreto, de la sociedad en que vivimos y de los valores e instituciones que la definen. En igual o mayor medida, la historia escrita a dos manos por el director Tom McCarthy y el guionista Josh Singer sobre cómo un periódico destapa un dramático caso de pederastia a gran escala pudiera haberse titulado perfectamente "Boston". El título estaría justificado desde el propio guión escrito por ambos, en cuyos diálogos los personajes repiten continuamente, casi desde el odio (en especial de los que se sienten extranjeros en ella), las referencias a la capital de Nueva Inglaterra, hasta la filmación de McCarthy, sobre todo en las secuencias en las que los periodistas van de puerta en puerta buscando testimonios para su investigación, momentos en los que la cámara intenta transmitir el ritmo de la ciudad, y se busca encuadrar continuamente lo más significativo del paisaje urbano. McCarthy, que ganó una fama algo efímera en la escena independiente por la hoy olvidada Vías cruzadas, demuestra haber centrado mucho su manera de entender el cine, en un relato de enorme seriedad y de ritmo ágil y preciso, que no se resiente por el exceso de diálogo. La principal virtud del director la encontramos en su convincente realismo durante su inmersión en el mundo de la prensa: ya desde las primeras escenas, da una lección al describir esa despedida informal de un veterano que abandona el Boston Globe y esa tensa reunión de bienvenida al nuevo jefe de origen judío que, con su gesto impasible, parece querer poner la redacción patas arriba. Con todo, Spotlight es un fenomenal canto al periodismo bien entendido, demostrando que dos de sus más infames cualidades, el sensacionalismo y el llamado "cuarto poder", pueden ser un bien necesario para la comunidad, como demuestran, respectivamente, dos detalles: 1) cuando los periodistas no dudan en insistir a los entrevistados que no utilicen eufemismos en la descripción de los abusos sufridos, y 2) cuando la prensa se constituye en una implacable autoridad, la única capaz de enfrentarse a una institución como la Iglesia Católica que, paradójicamente, vive al margen de la moral y la legislación.

Spotlight - Tom McCarthy - 2015 [ficha técnica]

4 comentarios:

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  3. Si que te ha gustado más que a mí. Cierto es que el realismo que como bien dices logra es de agradecer, pero la oda al periodismo me parece excesiva, y pasa un poco por alto el sensacionalismo y la manipulación de la que tantas muestras vemos a diario, por lo menos en la prensa estatal. Por lo menos a día de hoy, el objetivo último de un periodista es que el periódico para el que trabaja venda ejemplares casi a cualquier.Como ya he dicho n en b la respuesta a ti comentario, será que el consumo masivo de "house of cards" me está haciendo demasiado descreído. ..
    Saludos

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    1. Si me permites una recomendación, no te pierdas Nightcrawler, una de las grandes del año pasado, que no tuve tiempo de comentar por aquí, y que trata del periodismo de manera completamente opuesta. Gracias por tu comentario.

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