martes, 17 de enero de 2012

Nader y Simin, una separación

En palabras del crítico inglés Nick Roddick, el film de Asghar Farhadi premiado con el Oso de Oro en Berlín es "un laberinto moral construido como un whodunit Hitchcockiano". Tratándose de un film tan alejado en todos los sentidos de la obra de Hitchcock, la comparación entre Farhadi y el director de Vértigo no es en absoluto exagerada, al contrario, Nader y Simin, una separación no sólo es un film construido en paralelo a un whodunit literario clásico, sino que utiliza el "macguffin", uno de los inventos narrativos más queridos por Hitchcock, como principal motor de la acción: Cuando Nader (Peyman Moadi), enfurecido, echa a Razieh (Sareh Bayat) de su casa no sólo lo hace porque ésta ha abandonado y atado a la cama a su padre, enfermo de alzhéimer, también porque cree que le ha robado el dinero que Nader guardaba en su habitación. A medida que transcurre el relato, los personajes del film dejarán de darle importancia a este dinero, es más, nunca sabremos quién lo robó. Ésa es la esencia del macguffin, al menos tal y como Hitchcock la explicó en su celebérrimo encuentro con François Truffaut, no sólo se trata de un dato que termina siendo irrelevante para lo que el narrador realmente quiere contar, a veces es un truco, un hecho improbable, una licencia inverosímil del narrador. En cualquier caso, este hecho no supone necesariamente una occidentalización del trabajo de Farhadi, al contrario, si algo hace diferente a esta película del aclamado cine iraní de los últimos veinte años, es que el director renuncia a esa concepción amateur del lenguaje cinematográfico que supuso la principal seña de identidad no sólo de Abbas Kiarostami, su autor (en mi opinión) más estimulante, sino de casi todos los cineastas persas que se han dado a conocer en occidente, como Siddiq Barmak, Bahman Ghobadi o la familia Makhmalbaf. Es cierto que hay un uso muy natural de los escenarios, y esos interiores donde se mueven los personajes (el juzgado, el hospital, el colegio...) parecen cogidos directamente de la realidad, pero tiene una integración perfecta dentro del relato, como si fueran fruto de un concienzudo diseño de producción: por ejemplo, es brillante cómo el hogar de Nader y Simin (Leila Hatami) se contrapone al de Razieh y su familia, cómo sin necesidad de mostrar grandes lujos en el primer caso queda bastante clara la diferencia de clases entre ambos, lo cual queda más que potenciado (y he aquí el verdadero toque "profesional" del que prescindían los compatriotas de Farhadi) en la composición interpretativa de su elenco, sobre todo, de Shahab Hosseini, quien interpreta al desiquilibrado marido de Razieh, alguien que refleja en cada gesto la frustración que le produce saberse de una condición inferior. Y es que éste y no, como decimos, el irrelevante gancho del delito cometido por Nader, termina siendo el gran atractivo del relato: cómo describe la problemática social de un país, seriamente marcado por las leyes religiosas, pero también por las supersticiones en las que el propio pueblo, sobre todo en sus estratos más bajos, cree con temor. Por ello, es una feliz noticia que un film como Nader y Simin haya atravesado las fronteras internacionales en un regimen político que, no lo olvidemos, ha condenado a seis años de prisión a Jafar Panahi, uno de sus directores más necesarios. No en vano, el motivo de la separación a la que se refiere el título es que Simin anhela abandonar el país.

Jodaeiye Nader az Simin - Asghar Farhadi - 2011 [ficha técnica]

2 comentarios:

  1. Es un peliculón. Partiendo de su carácter de "cine social" deja en ridículo a abanderados del mismo en Europa como Loach o Aranoa. Creo que la cinta no sólo muestra diversas realidades o capas de la sociedad iraní, sino que también se mueve por otros campos universales. Me llamo la atención sobre todo cómo los personajes utilizan las mentiras para mantener su integridad o posición ante ellos mismos y los demás. Las interpretaciones son fabulosas, y algunas deciciones formales me parecen muy ingeniosas, como ese plano al final donde lo importante está sucediendo fuera de campo. De lo mejorcito del año. Un saludo.

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  2. Completamente de acuerdo. El plano final es sublime, tanto por el manejo del off visual como por todo lo que nos cuenta también dentro de cuadro. Aquí, casi más que en ningún sitio, se demuestra lo inteligente que es el realizador para utilizar un escenario "natural" y ponerlo al servicio del lenguaje.

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