lunes, 21 de noviembre de 2011

Melancolía

La ya célebre escena de apertura de Melancolía, con esas oníricas imágenes a cámara superlenta y la genial partitura de Wagner de fondo, no supone ningún descubrimiento dentro del cine de Lars Von Trier. Ya a mediados de los noventa, cuando el director descubrió las posibilidades expresivas de la cámara al hombro, acostumbraba a insertar deslumbrantes estampas a modo de interludios que actuaban como colirio para los espectadores más despistados, costumbre que ha ido variando hasta su reciente Anticristo, la cual se abría igualmente con un hermosísimo prólogo en blanco y negro y slow-motion y recorría algunos pensamientos de su protagonista femenina presentándola en medio de parajes naturales idílicos. En definitiva, es sólo un rasgo más definitorio del lenguaje del director danés, cuyos tics se acumulan en Melancolía hasta el punto de convertirse, a ratos, en un film formulario, carente de talento. El primero de los dos bloques que componen el film presenta a Justine (Kirsten Dunst), la pequeña de las dos hermanas que protagonizan el relato, en el momento en que se dirige a la celebración de su matrimonio en un lujoso castillo. Para estas escenas del banquete muchos han buscado referencias en Celebración (obra de Thomas Vinterberg, un viejo conocido de Lars Von Trier), cuando viene mucho más a cuento lo que el propio Von Trier rodó en Rompiendo las Olas, no tanto por la escenografía de ambas (mucho más lujosa en Melancolía) sino por el carácter de sus protagonistas, contando con una novicia trastornada y desvalida, mientras que sus allegados velan por su salud y su estabilidad emocional. El conjunto resulta ya archisabido en el imaginario del director danés, llegando ya a resultar aburrido, no tanto por la repetición de tópicos, sino porque van apareciendo personajes arquetípicos de su cine, cada uno con su propia trama paralela, que crean cada vez más confusión (la madre de Justine, su jefe, el sobrino de éste...) y, lo que es peor, se impone un desagradable tono de artificiosidad, pero no una artificiosidad auto-impuesta que termina transcendiéndose (cf. Dogville y Manderlay), sino una falta de credibilidad que eclipsa el posible interés del conjunto.

Todo ello se soluciona en el segundo bloque, tal vez más sobredimensionado (el mismo metraje para exponer una trama mucho más sencilla) pero mucho más claro y directo. Como en Anticristo, el director deposita una buena parte del peso del relato en la inigualable Charlotte Gainsbourg, que contagia al espectador con su ansiedad, siendo la única de los cuatro personajes que quedan en escena que reacciona de manera humana a la inevitable catástrofe que amenaza a nuestro planeta. De nuevo, y gracias a este segmento, el danés se sitúa con dignidad entre los herederos del cine de Tarkovski, si bien esta vez ningún crítico ha puesto el grito en el cielo, tal vez porque el autor no ha dedicado su film al genio ruso como sí hiciera en "la peor película de la década, sin condiciones, sin peros, ni aunques" (cita de Mark Rappaport en "Especial Años 2000", Cahiers Du Cinema España, febrero 2010), dejando que sean los críticos los que establezcan lo que se puede o no se puede decir en una pantalla de cine.

Melancholia - Lars von Trier - 2011 [ficha técnica]

3 comentarios:

  1. Hola

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  2. Estoy bastante de acuerdo con tu opinión sobre esta película. La primera parte destila una pereza enorme por parte de Von Trier, con todos esos personajes arquetípicos y de brocha gorda que lastran tanto su cine, cometiendo multitud de acciones "porque sí".

    Se ha alabado mucho la interpretación de Dunst, pero a mí me resulta bastante evidente: Von Trier ya ha dirigido varias veces a actrices que interpretan personajes depresivos en sus películas, no le veo un gran mérito, la verdad. Gainsbourg sí que está bastante bien, y logra levantar la película en la segunda mitad, quizá algo alargada, pero donde se aprecia al Von Trier más interesante, al más simbólico y menos evidente. El plano final, en ese sentido, me parece genial.

    De todas formas, me parece que todo el embrollo del apocalipsis es para hablarnos de los propios infiernos personales del director, que supongo que está en un estado depresivo permanente, o por lo menos en su obra. Es casi psicoanalítico, como en 'Anticristo'. Y hablando de esta última, el danés ha intendado repetir la jugada que tan bien le salió con el prólogo de su anterior película, pero a mí, más que hermoso, me ha parecido algo perezoso.

    No es un mal film, pero sí algo decepcionante procediendo de un autor que venía de realizar uno de los films más radicales de la década pasada.

    Un saludo.

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  3. Veo que opinamos igual, Luisss. Gainsbourg sobresale entre tantas interpretaciones "correctas" (y poco más), pero hay un personaje/actor que se me atragantó especialmente, y es el de John Hurt, no en vano alguien que suele tener un gusto dudoso para elegir papeles.

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