domingo, 23 de mayo de 2010

Watchmen

No entiendo mucho del tema, pero tengo la impresión de que cada vez que se lleva a la gran pantalla un tebeo, historieta, cómic, novela gráfica o como haya que llamarlo, y siempre que esta adaptación se realice con cierta seriedad, existen dos modos opuestos en la manera de llevarla a cabo, a saber, respetar fielmente la estética del original, hasta el punto de convertir a aquél en una especie de story-board del trabajo final, o aprovechar sólo el relato inicial para pasarlo por el filtro del lenguaje cinematográfico, quedando con esto poco o nada identificados los rasgos visuales de partida. Hasta ahora, eran las adaptaciones llevadas a cabo bajo esta última premisa las que habían producido, a mi juicio, los resultados más notables, como son, por poner algunos ejemplos, los obtenidos por Terry Zwigoff en Ghost world, Park Chan-Wook en Old boy, Sam Mendes en Camino a la perdición, David Cronenberg en Una historia de violencia o Christopher Nolan en El caballero oscuro. En cambio, cuando son los rasgos del medio original los que prevalecen sobre el cinematográfico hay un claro resentimiento en el resultado final, en algunos casos por culpa de un tratamiento muy ingenuo de temas que demandan una mirada más madura, como es el caso de la desperdiciada idea orwelliana existente en la versión de James McTeigue de V de Vendetta, en otros porque la única preocupación es plasmar el uso hiperbólico y exultante de la violencia existente en el original mientras que otros tabúes como el sexo se desarrollan de manera frívola, como hicieron Frank Miller y Robert Rodriguez en Sin City o Zack Snyder en 300.

Es precisamente Zack Snyder el que nos ofrece, por fin, en Watchmen una irregular pero sorprendente propuesta en la que se intenta conservar el grafismo original del ilustrador Dave Gibbons pero sin perder en el intento las interesantes ideas de su guionista Alan Moore, como son la visión de éste hacia la difícil situación política que vivía occidente en el momento de la gestación del relato, en las postrimerías de la Guerra Fría, o el ucrónico planteamiento de un mundo en el que, gracias a los superhéroes, los Estados Unidos han ganado la Guerra de Vietnam y Richard Nixon prevalece en el poder durante cinco mandatos, ideas éstas que pueden ubicarse en el marco de la política o la filosofía y que en una película de corte fantástico como Watchmen tienen el tratamiento adecuado. Por supuesto que no faltan algunos pasajes de trazo más grueso, como el dibujo del personaje del asesino de niños con el que se ensaña Rorschach (Jackie Earle Haley) en un flashback que trata de explicar su atormentada psique; el alargado y complaciente, por explicativo, combate final entre héroes y villanos, o la relación sentimental entre Laurie (Malin Åkerman) y Dan (Patrick Wilson) que pasa por un prescindible y excesivamente violento encuentro entre ambos y una banda de matones en un callejón, o con una escena de sexo cuyo tono edulcorado la hace parecer fuera de lugar. Lo que hace que Watchmen sea muy superior a las citadas V de Vendetta, Sin City y 300 es su madurez en el tratamiento de la trama política, lograda gracias a la mirada adulta que Snyder deposita en la mayoría de las situaciones y en alguno de sus personajes, lo que hace que alguna de las secuencias tengan una capacidad de sugestión nada habitual en una película de superhéroes, como son el tenso momento en el que El Comediante (Jeffrey Dean Morgan) intenta violar a Espectro de Seda (Carla Gugino) después de golpear brutalmente a ésta en el estómago y en la cara, el amargo momento en el que la mayoría de los antiguos colegas del Dr. Manhattan (Billy Crudup) confiesan haber desarrollado cáncer por culpa de las radiaciones emitidas por éste o la escena en la que El Comediante, vigilante de la justicia, disuelve una manifestación pacífica disparando contra los ciudadanos.

'Watchmen' - Zack Snyder - 2009 [ficha técnica]
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